Psicología · 7 de agosto de 2025

Pantallas y niños: cuánto es demasiado y cómo poner límites sin pelea

Recomendaciones actuales de la AEP y la OMS por edad, señales de uso problemático y un plan familiar de límites que se cumplan. Y cuándo pedir ayuda.

Escrito por Irene López Rodríguez, directora clínica de anda CONMiGO. Psicóloga, orientadora educativa y especialista en atención temprana.

Antes de hablar de «adicción»

Si habéis llegado aquí buscando «adicción a las pantallas», lo primero que os debemos es una aclaración: los manuales que usan los profesionales para diagnosticar (el DSM-5-TR y la CIE-11) no recogen la «adicción a las pantallas» en niños como un trastorno. Lo que sí existe, y mucho, es el uso problemático: un uso que se come el sueño, el juego, la conversación en casa o el colegio, y que provoca una guerra cada vez que hay que apagar.

Por eso este artículo no va de etiquetar a vuestro hijo. Va de tres cosas concretas: cuánto es demasiado según su edad, qué señales indican que la cosa se ha torcido y cómo poner límites que se cumplan sin convertir cada tarde en una pelea.

Un aviso importante: las recomendaciones oficiales han cambiado. Durante años la referencia fue «nada antes de los 2 años y una hora al día de 2 a 5». En diciembre de 2024 la Asociación Española de Pediatría (AEP) actualizó su postura y subió la edad sin pantallas de los 2 a los 6 años. En este artículo seguimos la guía de la AEP, que es la de los pediatras de aquí, y os contamos también lo que dice la OMS para que veáis en qué coinciden.

Menores de 2 años: por qué las pantallas no les vienen bien

En esto todas las guías coinciden. La OMS, en sus recomendaciones de 2019 para menores de 5 años, es tajante: antes del año «no se recomienda tiempo de pantalla», y al año tampoco. La AEP va en la misma línea y la alarga: para los menores de 6 años, «evitar el uso, no hay un tiempo seguro».

¿Por qué tanta rotundidad con los más pequeños? Porque un bebé o un niño de 18 meses aprende con el cuerpo y con las personas: tocando, tirando, mirando vuestra cara cuando le habláis, señalando y esperando que le respondáis. Una pantalla no le devuelve la mirada ni le contesta. Cada rato delante de un vídeo es un rato que no dedica a lo que de verdad le hace crecer en esa edad: el juego con objetos reales y la interacción con vosotros.

Hay una excepción razonable, y la AEP la contempla: las videollamadas breves con los abuelos o con un familiar que está lejos, siempre con un adulto al lado. Eso es interacción, no consumo.

Si ahora mismo vuestro hijo de un año ya come con el móvil delante, no os castiguéis. Es lo que hacen muchísimas familias y no es tarde. Más abajo tenéis un plan para salir de ahí.

De 2 a 6 años

Aquí es donde las guías se separan y conviene ser claros:

  • AEP (2024): nada de pantallas hasta los 6 años. Como excepción, y siempre supervisada, un contacto social con un objetivo concreto: que la abuela le cuente un cuento por videollamada, por ejemplo.
  • OMS (2019): de los 2 a los 4 años, «no más de una hora de tiempo de pantalla sedentario; menos es mejor».

Nosotros seguimos a la AEP, pero la lectura práctica de las dos es la misma: cuanto menos, mejor, y nunca a solas. Si en vuestra casa hay pantalla a estas edades, que sea poca, que sea contenido pensado para su edad, que estéis vosotros al lado comentando lo que pasa y que no sustituya al parque, al cuento ni a la siesta.

Un ejemplo de casa: la tablet «para que coma». Funciona hoy, pero le enseña que comer es aburrido y que la comida va con pantalla. Y cuando queráis quitarla, la rabieta será proporcional a la costumbre. Es mucho más fácil no empezar que desmontar.

De 6 a 12 y adolescentes

A partir de los 6 años la pantalla entra por el colegio y por los amigos, y la pregunta ya no es «sí o no», sino «cuánto y cómo». Las cifras de referencia de la AEP:

EdadRecomendación AEP (Plan Digital Familiar)Referencia OMS 2019
0 a 6 añosEvitar el uso: no hay un tiempo seguro. Excepción: videollamadas breves supervisadas.Menores de 2: no se recomienda. De 2 a 4: no más de 1 hora al día, menos es mejor.
6 a 12 añosMenos de una hora al día, contando el tiempo escolar y los deberes. Con acompañamiento adulto.
13 a 16 añosMenos de dos horas al día, incluido el tiempo escolar y los deberes.

Sabemos lo que estáis pensando: «menos de una hora con deberes incluidos es imposible». Tomadlo como lo que es, una referencia hacia la que caminar, no un examen que suspendéis cada día. Lo importante en primaria es que la pantalla no desplace el sueño, el movimiento ni el juego con otros niños. En la adolescencia, además, entran las redes sociales, y eso merece un artículo aparte: redes sociales y adolescentes.

Señales de uso problemático

No es el número de minutos lo que más dice; es lo que pasa alrededor. Estas señales, sobre todo si se juntan varias y se mantienen semanas, merecen que las miréis:

  • Apagar es una guerra: enfado, llanto o ansiedad intensos cada vez que se retira el dispositivo, muy por encima de lo que provoca cualquier otro «no».
  • Ha perdido interés por lo que antes le gustaba: el parque, los amigos, los Lego, el fútbol. Solo pregunta por la pantalla.
  • Duerme peor: le cuesta dormirse, se despierta, está cansado por la mañana. Sobre todo si usa pantallas en la cama o justo antes.
  • El colegio lo nota: baja el rendimiento, le cuesta atender, los deberes no salen.
  • Miente u oculta el tiempo que pasa conectado, o usa el móvil a escondidas por la noche.
  • No sabe parar solo: pierde la noción del tiempo y nunca es él quien deja el dispositivo.
  • Come o va al baño con la pantalla y sin ella no lo hace.

Ninguna de estas señales, sola, es un problema. Un niño de 8 años que protesta cuando se acaba el rato de consola es un niño de 8 años. Lo que cuenta es el patrón: varias señales, durante tiempo, que están cambiando la vida de casa.

Qué hay detrás: sueño, atención, regulación

La AEP resume así por qué le preocupa el exceso de pantallas: «perjudica áreas como el sueño, el riesgo cardiovascular, el volumen cerebral o la alimentación, entre otros». De todo eso, hay tres cosas que vais a notar en casa.

El sueño

Es lo primero que se resiente y lo que más arrastra al resto. Los niños de 6 a 12 años necesitan entre 9 y 12 horas de sueño, y los adolescentes entre 8 y 10, según la Academia Americana de Medicina del Sueño. Una pantalla en la habitación o encendida hasta el último minuto roba de ahí. La AEP pide «evitar el uso de pantallas 1-2 horas antes de acostarse y mantener los dispositivos apagados y fuera de la habitación».

La atención

Los contenidos de vídeo corto y los juegos con recompensa continua están diseñados para retener. Un niño que pasa muchas horas con ese ritmo puede tolerar peor el esfuerzo lento: un libro, una ficha de mates, una conversación larga. No es que la pantalla le «cause» un trastorno de atención, pero sí compite con las actividades que entrenan la atención sostenida. Si además os preocupa su atención en general, en psicopedagogía se valora con calma qué hay detrás.

La regulación emocional

Aburrirse, frustrarse y calmarse solo son habilidades que se aprenden practicándolas. Si cada momento incómodo (la espera en el médico, el restaurante, el coche) se tapa con una pantalla, el niño practica menos. Por eso muchas veces la pelea por apagar no es «por la pantalla»: es que el niño no tiene todavía otra herramienta para pasar de una actividad que le encanta a otra que no.

Y una cosa más que la AEP subraya: hay «una fuerte asociación entre el tiempo que los padres pasan frente a las pantallas y el de sus hijos, sobre todo durante las comidas y en el dormitorio». Lo que hacemos nosotros pesa más que lo que decimos.

Límites que funcionan: un plan familiar

La AEP propone justamente eso, un Plan Digital Familiar: unas normas escritas, adaptadas a la edad de cada hijo y a cómo vive vuestra familia, que se acuerdan y se revisan. Estas son las piezas que más ayudan:

  1. Lugares sin pantalla: la mesa a la hora de comer (los dispositivos «silenciados y fuera de la habitación», dice la AEP), el dormitorio y el baño. Sin excepciones ni negociación diaria: es la norma de la casa, como lavarse los dientes.
  2. Momentos sin pantalla: la hora o las dos horas antes de dormir, y los ratos de juego libre. Que el niño sepa cuándo toca y cuándo no quita muchas discusiones.
  3. Un límite que se ve venir: «cuando acabe este capítulo» o un temporizador que suena funcionan mejor que un «¡apaga ya!» por sorpresa. Avisad cinco minutos antes.
  4. Algo que hacer después: apagar para nada es muy duro. Apagar para bajar al parque, para poner la mesa juntos o para leer un rato con vosotros es más fácil. Tened preparada la alternativa.
  5. Vosotros también: el plan es familiar. Si el móvil de los adultos está en la mesa, la norma no vale. Este es el punto que más cuesta y el que más cambia las cosas.
  6. Con ellos, no solo para ellos: cuando haya pantalla, sentaos al lado un rato, preguntad qué están viendo, jugad una partida. Lo que se comparte se puede hablar; lo que se consume a solas, no.
  7. Empezad poco a poco: si ahora hay tres horas al día, pasar a cero mañana no va a salir bien. Quitad primero la pantalla de las comidas; a la semana siguiente, la de antes de dormir. Cada paso que se sostiene vale más que un cambio brusco que dura tres días.

Y esperad protestas. Un niño que lleva meses con una rutina no la cambia con una sonrisa. Que se enfade los primeros días no significa que el plan esté mal; significa que está funcionando. Lo que tenéis que sostener es la calma y la norma, no ganar la discusión.

Cuándo pedir ayuda

La mayoría de las familias arreglan esto en casa con un plan claro y un par de semanas de paciencia. Merece una valoración profesional cuando:

  • Habéis puesto normas, las habéis sostenido y aun así el conflicto se mantiene o va a más.
  • La pantalla parece ser la única forma que tiene de calmarse, y sin ella aparecen ansiedad, tristeza o explosiones que os asustan.
  • Ha dejado de relacionarse con otros niños o el colegio ha dado la voz de alarma.
  • Sospecháis que la pantalla está tapando otra cosa: miedos, dificultades para hacer amigos, problemas de atención o de aprendizaje.

En ese caso, una valoración no busca ponerle una etiqueta de «adicto». Busca entender qué función está cumpliendo la pantalla en su vida y qué necesita para poder soltarla. A veces la respuesta está en la regulación emocional, a veces en las habilidades sociales, a veces en una dificultad de aprendizaje que hace que todo lo demás cueste más. Eso es trabajo de psicología infantil, en coordinación con la familia y con el colegio.

No hace falta que sepáis qué le pasa ni cómo se llama. Contadnos qué habéis notado en casa y desde ahí se mira.

Fuentes

  1. AEP · Plan Digital Familiar (recomendaciones por edad) — Cifras por edad (0-6 evitar, 6-12 menos de 1 h, 13-16 menos de 2 h), videollamadas como excepción, dispositivos fuera del dormitorio y del baño, silenciados en las comidas, evitar pantallas 1-2 h antes de dormir.
  2. AEP actualiza sus recomendaciones sobre pantallas (nota de prensa, 5-12-2024, reproducida por SEHOP) — El cambio de 2 a 6 años como edad sin pantallas; efectos citados (sueño, riesgo cardiovascular, volumen cerebral, alimentación); asociación entre el uso de los padres y el de los hijos.
  3. OMS · To grow up healthy, children need to sit less and play more (2019) — Menores de 1 y de 2 años: no se recomienda tiempo de pantalla sedentario; de 2 a 4 años: no más de 1 hora, menos es mejor.
  4. HealthyChildren.org (AAP) · Healthy Sleep Habits: How Many Hours Does Your Child Need? — Horas de sueño por edad según la Academia Americana de Medicina del Sueño (6-12 años: 9-12 h; 13-18: 8-10 h) y apagar pantallas al menos 1 hora antes de dormir, fuera del dormitorio.

Contadnos qué habéis notado

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