Autismo · 22 de marzo de 2021

Crisis en autismo: qué hacer en el momento y cómo prevenirlas

Qué es una crisis en un niño autista y en qué se distingue de una rabieta, qué hacer durante y después, cómo prevenirlas y cuándo pedir ayuda.

Escrito por Irene López Rodríguez, directora clínica de anda CONMiGO. Psicóloga, orientadora educativa y especialista en atención temprana.

Antes de nada: «Asperger» y «calmar el autismo»

Este artículo se llamaba «Técnicas para calmar el autismo o Asperger». Lo hemos reescrito de arriba abajo por dos razones que os debemos explicar.

La primera: el autismo no se calma. No es un estado de nervios sino una forma de ser y de procesar el mundo. Lo que sí se puede acompañar, y prevenir en buena parte, son las crisis: esos momentos en los que un niño autista se desborda y pierde temporalmente el control de lo que hace. De eso va este texto.

La segunda: «Asperger» ya no es un diagnóstico. Desde 2013, con el DSM-5, y también en la clasificación de la OMS (CIE-11), lo que antes se llamaba síndrome de Asperger forma parte del trastorno del espectro del autismo. La Confederación Autismo España lo explica así: eran personas con los rasgos nucleares del autismo pero con lenguaje fluido y capacidad intelectual media o superior; hoy se entiende que están dentro del mismo espectro. Muchas personas que recibieron ese diagnóstico siguen usando la palabra por identidad y por pertenencia, y eso merece todo el respeto. Pero a un niño de hoy no se le diagnostica «Asperger»; se le diagnostica autismo, y se describe qué apoyos necesita.

Y una cosa más que quitamos: cualquier porcentaje. La versión anterior hablaba de un «protocolo que funciona en el 88 % de situaciones». No había ningún estudio detrás. Lo que leeréis ahora sale de guías clínicas (NICE), de la National Autistic Society, de la Asociación Española de Pediatría y de lo que vemos cada día en nuestros centros, dicho sin cifras que no podamos respaldar.

Qué es una crisis (y qué no es una rabieta)

La National Autistic Society lo define con sencillez: una crisis, en inglés meltdown, es una respuesta intensa a una situación que desborda. La persona se ve completamente superada por lo que está pasando y pierde temporalmente el control de su conducta. Puede gritar, llorar, tirarse al suelo, pegar, golpearse. Y añade algo importante: no es lo mismo que una rabieta, y no es «portarse mal».

La diferencia práctica, la que os sirve en el supermercado: una rabieta busca algo (el juguete, quedarse en el parque) y suele parar cuando lo consigue o cuando ve que no lo va a conseguir. Una crisis no busca nada; es un sistema nervioso que ha llegado al límite. Por eso no se resuelve dando ni negando, sino bajando la carga y esperando.

No todas las crisis son ruidosas. La misma sobrecarga puede expresarse hacia dentro: el niño se queda bloqueado, deja de responder, se retira, evita la situación. La National Autistic Society lo describe como negarse a interactuar y retirarse de lo que le resulta difícil. Es igual de real y merece la misma respuesta.

Los pediatras españoles, hablando de las explosiones emocionales de cualquier niño pequeño, dan una clave que aquí vale doble: en ese momento el cerebro se activa «en bloque» y la reacción es en gran parte inconsciente y muy difícil de controlar por ellos mismos. Pedirle que se controle es pedirle algo que ahora mismo no puede hacer.

Por qué ocurren: los desencadenantes

La guía NICE de apoyo a niños y adolescentes autistas pide que, antes de intervenir sobre una conducta que desborda, se valoren los factores que la disparan o la mantienen. Es la lista que usamos en la valoración, traducida a lo que veréis en casa:

  • Sobrecarga sensorial. Ruido, luces (los fluorescentes, los centros comerciales), olores, texturas de la ropa o de la comida, demasiada gente. NICE nombra expresamente la iluminación y el nivel de ruido del entorno físico.
  • Cambios e imprevistos. La rutina que se rompe sin aviso, un plan cancelado, un camino distinto. NICE señala «la ausencia de previsibilidad y estructura» como factor de riesgo.
  • No poder comunicar lo que pasa. Tener hambre, calor, miedo o un dolor y no poder decirlo. NICE lo describe como dificultades de comunicación que impiden entender la situación o expresar necesidades y deseos.
  • Malestar físico. Dolor, problemas digestivos, falta de sueño, una otitis que nadie ha visto. La guía pide descartar siempre causas físicas.
  • Ansiedad acumulada. Un día entero aguantando en el cole y la explosión al llegar a casa, donde se siente seguro.
  • Lo que hacemos sin querer. NICE lo llama «refuerzo inadvertido»: si cada vez que se desborda conseguimos que la situación desaparezca, el sistema aprende que ese es el camino. No es culpa de nadie; es algo que se mira y se ajusta.

Casi nunca hay una sola causa. Lo habitual es la suma: poco sueño, más ruido, más un cambio de planes, más no poder explicarlo. Por eso prevenir funciona mejor que apagar fuegos.

Qué hacer durante la crisis

En el momento, el objetivo no es que pare. Es que esté seguro, que haya menos carga y que vosotros aguantéis. Cuatro pasos, en orden:

1. Primero vosotros

Vuestra calma es la herramienta principal. La AEP lo dice de los niños pequeños y vale igual aquí: se trata de lograr la regulación del niño a través de la persona que le acompaña, porque él todavía no puede solo. Voz baja, más lenta de lo normal. Cuerpo relajado, manos visibles. Respirad despacio y de forma que se vea. Si notáis que vais a explotar vosotros, cambiad de adulto si podéis.

2. Seguridad y menos estímulos

Retirad lo que pueda hacer daño. Si se puede, llevadle a un sitio más tranquilo; si no (un pasillo del súper, la puerta del cole), haced vosotros de pantalla: colocaos entre él y la gente, pedid a los curiosos que se alejen, bajad la luz o el volumen si está en vuestra mano. La National Autistic Society lo resume en «haced espacio: intentad crear un lugar tranquilo y seguro como podáis».

3. Pocas palabras, ninguna pregunta

El momento de la crisis no es para razonar; la AEP lo dice textualmente de las rabietas y en una crisis autista es aún más cierto. Nada de «¿qué te pasa?», «¿por qué haces esto?», «si no paras, no hay tablet». Frases cortas, siempre las mismas, en tono neutro: «Estoy aquí». «Estás seguro». «Ya pasa». Y luego silencio.

4. Contacto físico solo si él lo busca

Aquí no hay regla universal. La AEP lo dice con claridad: algunos niños evitan el contacto físico y otros lo necesitan y lo buscan; la observación y conocer al niño dan las pistas. Nuestra norma de casa: si no busca abrazos cuando está tranquilo, no se le fuerzan en una crisis. Ofreced la mano abierta, dejad cerca su objeto o su manta, y que decida él. Si es de los que se calman con presión, un abrazo firme que le deje moverse y respirar puede ayudar; si no lo es, ese mismo abrazo lo empeora.

5. Esperar acompañando

La crisis tiene su tiempo. La National Autistic Society pide «darles tiempo: recuperarse de una sobrecarga puede llevar un rato». No se puede acortar a la fuerza; sí se puede no alargarla. Quedaos cerca sin invadir. Sabréis que empieza a bajar cuando el llanto pierde fuerza, la respiración se hace más regular, os mira un segundo o acepta agua o su objeto.

Después de la crisis

Lo que pasa en la hora siguiente pesa tanto como lo que pasa durante. Tres cosas:

  • Nada de sermones inmediatos. Acaba de pasar por algo agotador. Agua, algo de comer si lo acepta, un rato tranquilo. El NHS recomienda espacio y tiempo para descansar cuando un niño autista ha llegado a desbordarse.
  • Nombrad lo que ha pasado sin juicio, cuando ya esté regulado: «Había mucho ruido y ya no podías más. Ya ha pasado». Que sepa que no es malo y que no está solo con eso.
  • Horas después, o al día siguiente, revisad juntos qué lo disparó, con apoyos visuales si hace falta: «¿qué había en el súper? ¿ruido, gente, prisa?». No para buscar culpables; para que la próxima vez se vea venir. Con niños pequeños o sin lenguaje, esa revisión la hacéis vosotros: apuntad hora, lugar, qué había pasado antes. En pocas semanas se ve el patrón.

Y cuidaos. Una crisis en público desgasta y avergüenza aunque sepamos que no debería. Hablarlo con otros padres, con vuestra pareja o con el equipo forma parte de la prevención.

Cómo prevenirlas

NICE es clara: cuando una conducta desborda, lo primero es un plan que aborde los factores que la provocan, con ajustes como aumentar la estructura y minimizar la imprevisibilidad, y una intervención que se aplique igual en casa y en el cole. Traducido a lo que podéis hacer:

Anticipar

  • Una agenda visual del día con fotos o pictogramas. Al terminar cada actividad, la retira él: le da control y previsibilidad.
  • Los cambios se avisan antes y se ven: «hoy no hay parque (quitamos la foto), vamos a casa de la abuela (ponemos la nueva)».
  • Las transiciones con aviso escalonado y, si ayuda, un temporizador visual: «cinco minutos, dos minutos, ya».
  • Antes de un sitio nuevo, fotos o un vídeo de dónde vais, quién estará y cuánto durará. Y una salida pactada: «si es demasiado, me dices y nos vamos».

Cuidar lo sensorial

  • Si sabéis qué le desborda, evitadlo o amortiguadlo: cascos que atenúen el ruido, ropa sin etiquetas, gorra en sitios con mucha luz, ir al súper a la hora tranquila.
  • Si es de los que buscan movimiento y presión (saltar, empujar, apretarse), dadle ratos de eso a lo largo del día, antes de que lo necesite a gritos.
  • Un terapeuta ocupacional valora su perfil sensorial: qué le sobreestimula, qué le organiza, y monta con vosotros un plan concreto. Aplicar estrategias sensoriales sin esa valoración puede salir al revés: lo que calma a un niño activa a otro. Más en ¿tiene mi hijo problemas de integración sensorial? y, si os molesta especialmente el ruido, en sensibilidad auditiva.

Darle una forma de decirlo antes del límite

Muchas crisis son la única manera que tiene de decir «basta». Cuanto antes tenga otra, menos crisis. Según cómo se comunique:

  • Sin lenguaje o con poco: tarjetas con «agua», «baño», «descanso», «silencio», «me voy». Es la lógica de los sistemas alternativos de comunicación y del PECS.
  • Con frases cortas: una frase comodín que siempre funcione, «necesito ayuda», y que la practiquéis en calma.
  • Con lenguaje fluido pero sin saber qué siente: un termómetro de colores del 1 al 5 y la pregunta «¿en qué número estás?». Se trabaja en la logopedia y en la psicología, y en casa a diario.

Un rincón de calma en casa

Un sitio fijo, suyo, al que pueda ir antes de explotar cuando note que se está llenando. Cojines grandes, luz que se pueda bajar, sus objetos, unos cascos, algo que apretar. Una regla que no se negocia: nunca se usa como castigo. Si «vete al rincón» se dice enfadado, deja de ser refugio.

Errores que la empeoran

Lo que se suele oírLo que sabemos
«Abrázale, eso siempre calma»Solo si busca contacto cuando está tranquilo. Si evita el roce, un abrazo en plena crisis la dispara.
«Es una rabieta, ignórale»Una crisis no es una rabieta ni una manipulación. Ignorarla deja solo a un niño desbordado; acompañar sin invadir la acorta.
«Tiene que aprender a controlarse»Ahora no puede. Se aprende antes y después, con anticipación y con formas de comunicar; nunca en el pico.
«No le des nunca lo que pide en una crisis»Si pide agua, salir del ruido o su objeto, dárselo es atender una necesidad, no premiar una conducta. Otra cosa es el capricho que originó una rabieta.
«Que se canse solo»Dejarle completamente solo alarga la recuperación y le enseña que cuando peor está, nadie viene.
«Con castigos aprenderá»Castigar una crisis castiga una sobrecarga. Lo que enseña es a esconderla, y la siguiente viene con más presión.

Cuándo pedir ayuda

Estas pautas son para el momento. Si las crisis se repiten con frecuencia, duran mucho, hay golpes contra sí mismo o contra otros, el cole os llama cada semana o la familia entera ha dejado de salir por miedo a que pase, eso se mira: hace falta una valoración completa y un plan escrito, no aguantar mejor.

Qué hacemos en esa valoración, siguiendo lo que recomienda NICE: descartar causas físicas (dolor, sueño, digestión); analizar qué dispara y qué mantiene la conducta (lo que los profesionales llaman análisis funcional); revisar el entorno de casa y del cole; y diseñar una intervención psicosocial como primera opción, con objetivos concretos, un plazo para revisarlos y las mismas pautas en todos los sitios donde está el niño. Lo hacemos en equipo, con psicología, terapia ocupacional y logopedia mirando al mismo niño, porque una crisis casi siempre tiene a la vez algo sensorial, algo comunicativo y algo emocional.

La medicación no es el primer paso. NICE la contempla solo cuando lo demás no ha sido suficiente o no se ha podido aplicar por la gravedad, prescrita y revisada por un pediatra o psiquiatra, y se retira si no hay respuesta clara. Si alguien os la propone de entrada sin haber mirado antes lo anterior, preguntad.

Contadnos qué pasa, cuándo y qué habéis probado. No hace falta que traigáis un diagnóstico ni que sepáis qué le desborda; eso es justo lo que se mira. Nuestra orientación inicial no diagnostica, pero sí os dice si lo que veis es propio de su edad y su perfil o merece un plan con el equipo.

Fuentes

  1. Confederación Autismo España — Día Internacional del Síndrome de Asperger — Desde 2013 el Asperger forma parte del TEA (DSM-5 y CIE-11); lenguaje fluido y capacidad intelectual media o superior; se mantiene la denominación social por identidad y pertenencia.
  2. National Autistic Society — Meltdowns: a guide for all audiences — Definición de meltdown; no es una rabieta ni mala conducta; desencadenantes (sensorial, cambios, ansiedad, comunicación); dar tiempo y crear espacio; retirada como otra forma de sobrecarga.
  3. NICE CG170 — Autism spectrum disorder in under 19s: support and management (sección 1.4) — Factores a valorar (comunicación, dolor/digestivo, luz y ruido, entorno social, refuerzo inadvertido, falta de previsibilidad); plan con más estructura; intervención psicosocial de primera línea basada en análisis funcional, con objetivos, plazo y aplicación consistente casa-cole; medicación solo si lo demás no basta, prescrita por pediatra/psiquiatra y retirada sin respuesta.
  4. AEP EnFamilia — Las rabietas: comprender para poder acompañar — El cerebro se activa en bloque y la reacción es en gran parte inconsciente; regulación a través del adulto (corregulación); no es momento de razonar; contacto físico según el niño; anticipar desencadenantes; mismas recomendaciones en niños neurodivergentes, con TO u orientador si se complica.
  5. NHS — Supporting an autistic child — Espacio y tiempo para descansar tras desbordarse; controlar luz y ruido; mantener rutinas y avisar cambios; no cambiar conductas que no hacen daño.

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