Lo que es propio de la edad
Antes de preguntaros si vuestro hijo necesita terapia, conviene tener claro qué es simplemente ser adolescente. Porque mucho de lo que asusta a las familias es, en realidad, la etapa haciendo su trabajo.
La Asociación Española de Pediatría lo describe así: el adolescente necesita separarse emocionalmente de sus padres para madurar. Con frecuencia rechaza lo que antes aceptaba, se enfrenta a las normas y a lo que esperáis de él. Ha llegado «la etapa del no». Los amigos pasan a ser lo más importante, y vosotros sentís que «no le conocéis»: cambian sus gustos, sus compañías, su cuerpo, y rechaza que os metáis en sus cosas.
Los conflictos también son normales. La AEP señala que al inicio de la adolescencia aumentan las discusiones con la familia, y que van bajando conforme el chico o la chica madura. Y los motivos suelen ser cotidianos: las tareas de casa, la ropa, los horarios, los amigos. Si vuestras peleas van de eso, estáis en lo previsible.
Entonces, ¿qué es propio de la edad?
- Querer más intimidad: la puerta cerrada, el móvil como extensión del cuerpo, contar menos.
- Cambios de humor, irritabilidad, días de «no me hables».
- Discutir las normas y probar los límites.
- Preferir a los amigos antes que los planes familiares.
- Inseguridad con el cuerpo y con la imagen.
- Bajones puntuales por un examen, una ruptura, una pelea con una amiga.
Todo esto, por sí solo, no es motivo de terapia. Es motivo de estar cerca. La diferencia entre la etapa y el problema no está en qué hace, sino en cuánto dura, cuánto le cambia y cuánto le impide vivir.
Señales que sí importan
La AEP, hablando de la tristeza, da la regla que usamos para casi todo: mirad el tiempo y el impacto. Es esperable si dura pocos días, tiene que ver con algo concreto y no le impide hacer su vida. Merece una valoración si dura más de dos semanas, si notáis que «ya no es el mismo», si interfiere en el instituto, con los amigos o en casa, si se aísla de forma progresiva o si no mejora aunque le acompañéis.
Con esa regla en la cabeza, estas son las señales que sí importan:
- Aislamiento que va a más. No es que prefiera a sus amigos: es que deja también a sus amigos. Abandona lo que le gustaba, no sale, no quiere ver a nadie.
- Irritabilidad o tristeza constantes. La AEP recuerda que en la adolescencia la depresión no siempre se ve como tristeza: a menudo es irritabilidad, apatía, aislamiento, sensación de vacío o desconexión, baja autoestima o culpa excesiva.
- Bajada clara del rendimiento o desinterés súbito por el instituto en alguien a quien antes le iba razonablemente.
- Cambios en el sueño o en la comida que se mantienen: no dormir, dormir todo el día, dejar de comer o comer a escondidas.
- Quejas físicas repetidas sin causa médica: dolores de cabeza, de tripa, cansancio permanente.
- Ansiedad que le frena: no puede ir a clase, evita situaciones, ataques de angustia.
- Consumo de alcohol u otras sustancias que va a más, o conductas de riesgo que os asustan.
- Frases de desesperanza: «no valgo para nada», «no puedo más», «estaríais mejor sin mí».
- Autolesiones, aunque «sean superficiales» o «no sea para tanto».
Para poner esto en contexto sin alarmar: la OMS estima que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años tiene algún problema de salud mental. No es raro, no es una vergüenza y no es un fallo vuestro. Es frecuente, y se puede atender. Entre los factores que la OMS señala como riesgo están el acoso escolar y una crianza muy severa; entre los que protegen, un entorno familiar y escolar de apoyo. Si el acoso puede estar detrás, en acoso escolar: cómo detectarlo y qué hacer hay pasos concretos. Y si lo que notáis es sobre todo la presión del grupo o de las redes, os pueden servir presión social en la adolescencia y redes sociales y adolescentes.
Conducta desafiante: cuándo es más que rebeldía
La rebeldía es normal. Discutir, contestar mal, saltarse una hora de llegada, encerrarse en la habitación: todo eso entra en la etapa. Un hijo adolescente no tiene por qué ser un hijo conflictivo, y un hijo que discute tampoco tiene un trastorno.
Es más que rebeldía cuando aparece un patrón: los CDC describen el trastorno de conducta como un patrón mantenido de agresión hacia otros y de violación seria de normas en casa, en el instituto o con los demás, que suele aparecer en la adolescencia y a veces incluye saltarse la ley. Traducido a lo que veréis:
- Peleas frecuentes, muchas veces iniciadas por él.
- Agresividad física o verbal hacia vosotros, hacia profesores o hacia compañeros; acosar a otros.
- Romper cosas, robar, escaparse, faltar a clase de forma repetida.
- No aceptar ninguna norma ni ningún «no», en ningún sitio.
- Poca o ninguna culpa después de hacer daño.
Si os reconocéis, dos cosas. Una: la guía británica NICE recomienda una valoración completa (no una charla) que mire también qué más puede haber: un TDAH no diagnosticado, dificultades de aprendizaje, ansiedad, depresión, consumo, o algo que esté pasando en casa. NICE pide expresamente que un diagnóstico previo del neurodesarrollo no sea una barrera para valorar la conducta. Otra: lo que funciona en la adolescencia son intervenciones que implican al chico y a la familia y al instituto a la vez; NICE las llama multimodales y las recomienda entre los 11 y los 17 años. Y desaconseja usar medicación de forma rutinaria para la conducta. Es decir: no hay pastilla para esto, pero sí hay trabajo que funciona, y no lo hace el adolescente solo.
Si vuestro hijo es más pequeño, el enfoque cambia: en problemas de conducta: cuándo es una etapa y cuándo pedir ayuda lo desarrollamos. Si sospecháis que detrás hay TDAH, TDAH en adolescentes.
Si habla de la muerte o de hacerse daño
Este apartado es el más difícil de leer y el más importante. Lo escribimos siguiendo a la Asociación Española de Pediatría y al Ministerio de Sanidad.
Primero, lo que más se teme decir en voz alta: preguntar por las ideas de suicidio no aumenta el riesgo; lo reduce. La AEP lo afirma sin matices. Callarse por miedo a «meterle la idea» deja al adolescente solo con ella. Si sospecháis algo, aunque os parezca remoto, la AEP recomienda hablar con él sin discutir, sin criticar, tratando de entender sus motivos, con empatía y transmitiéndole ayuda incondicional.
Segundo, las señales de alarma que la AEP pide tomar siempre en serio: que comunique estas ideas de forma repetida, directa o indirecta («ojalá no despertara», «pronto os dejaré de molestar»); que haya planeado cómo o dónde; que lo haya intentado antes; que lo niegue cuando hay motivos para sospecharlo; que sienta que nadie puede ayudarle. Y también: regalar sus cosas, despedirse de forma extraña, una calma repentina tras una época muy mala.
Tercero, las autolesiones. Cortes superficiales, arañazos, quemaduras. La AEP explica que muchas veces no buscan la muerte, sino aliviar una rabia, una angustia o un vacío que no pueden soportar de otra forma. Y añade algo que queremos subrayar: su intención no es «llamar la atención», sino pedir ayuda, porque la necesitan. Aunque no haya intención de morir, se atienden siempre: son un aviso, y con el tiempo pueden escalar.
Qué hacer, en orden:
- Hablad hoy. Sin sermón ni interrogatorio. «He notado que estás muy mal últimamente. ¿Has pensado en hacerte daño o en no querer vivir?». Escuchad la respuesta entera antes de reaccionar.
- Si hay riesgo inmediato (un plan concreto, medios a su alcance, un intento), no le dejéis solo y llamad al 112 o acudid a urgencias.
- Llamad al 024. Es la Línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad: gratuita, confidencial, 24 horas los 365 días, para la persona que lo piensa y también para familiares. Tiene chat y atención en lengua de signos. No sustituye a la consulta con un profesional, pero está ahí a las tres de la mañana.
- Pedid cita profesional cuanto antes: pediatra o médico de familia como primer paso, y un psicólogo o psiquiatra con experiencia en adolescentes. La AEP también aconseja contar con el tutor u orientador del instituto.
- Reducid el acceso a medios: medicamentos guardados bajo llave, sin armas en casa. La AEP lo señala como responsabilidad de la familia.
- Seguid ahí. Los factores que más protegen, según la AEP, son el apoyo y la comunicación familiar, sentirse parte de un grupo y tener planes de futuro. No necesita que tengáis las respuestas; necesita que no os vayáis.
Y una cosa para vosotros: que vuestro hijo piense en hacerse daño no significa que hayáis fallado. Significa que le duele algo que no sabe resolver, y que ha llegado el momento de pedir ayuda fuera. Eso es cuidarle.
Cómo proponérselo sin que se cierre
Aquí es donde la mayoría de las familias se atascan: saben que su hijo necesita ayuda, pero temen que decirlo lo empeore. Algunas ideas que funcionan, apoyadas en lo que la AEP recomienda para hablar con adolescentes: con calma, sin enjuiciar, posponiendo lo que no urge y haciéndole partícipe de la solución.
- Elegid el momento. No después de una bronca ni delante de sus hermanos. En el coche, dando un paseo, de lado: a muchos adolescentes les cuesta menos hablar sin miraros de frente.
- Empezad por lo que veis, no por lo que es. «He notado que llevas semanas sin quedar con nadie y que duermes mal» en vez de «tienes depresión» o «necesitas un psicólogo». La AEP, en su decálogo sobre el malestar en adolescentes, pide no dejar que la etiqueta sustituya a la persona y no patologizar el malestar común. Describid, no diagnostiquéis.
- Quitadle la idea de castigo o de defecto. «Ir a terapia no es porque estés roto ni porque te hayas portado mal. Es tener a alguien con quien hablar que no somos nosotros y que sabe de esto». Que tenga con quién hablar es, muchas veces, lo que más falta.
- Dadle control. Que elija si prefiere un hombre o una mujer, que sepa que puede cambiar de profesional si no conecta, que decida cuánto os cuenta de lo que hable allí. La AEP insiste en que el adolescente necesita sentir que es él quien decide; que la terapia no sea una excepción.
- Explicad la confidencialidad. Lo que hable con su terapeuta es suyo. Solo se rompe si hay un riesgo serio para él o para otros, y se le avisa antes. Saberlo quita mucho miedo.
- Proponed una prueba, no una condena. «Vamos a una primera sesión y luego decides». Casi nadie se niega a una.
- Si dice que no, no lo forcéis ese día. Dejad la puerta abierta: «vale, lo pienso yo también y lo volvemos a hablar la semana que viene». Y mientras, id vosotros: en terapia familiar o en orientación a padres podéis empezar sin él, y muchas veces el adolescente se acaba sumando cuando ve que no va de «arreglarle» a él.
- No lo uséis como amenaza. «Como sigas así te llevo al psicólogo» convierte la ayuda en castigo y cierra la puerta durante años.
Una salvedad: si hay riesgo para su vida, nada de esto es negociable. Se va, y se explica después.
Qué pasa en una primera sesión
Saber qué va a pasar también le quita miedo a él. En nuestros centros de terapia para adolescentes, la primera cita se parece a esto:
- Un rato con vosotros y con él, para saber qué os preocupa a cada uno. A menudo lo que trae la familia y lo que trae el adolescente no coincide, y las dos cosas importan.
- Un rato a solas con él. Sin vosotros delante. Se le explica la confidencialidad y sus límites, y se le pregunta qué le gustaría que cambiara, si es que algo. No tiene que «abrirse» el primer día; tiene que ver que allí se le escucha.
- Nadie le diagnostica en una hora. Se recoge lo que pasa, desde cuándo, en qué situaciones, cómo duerme, cómo come, cómo está en el instituto y con los amigos. Si hace falta, más adelante se usan cuestionarios; pero primero se conoce a la persona.
- Se acuerda qué se va a trabajar y cómo. Según lo que haya: emociones y ansiedad, habilidades para relacionarse, la relación en casa (a veces la terapia es con toda la familia), la conducta, el estudio. Y se fija cuándo se revisa.
- Se os dice qué podéis hacer vosotros mientras tanto. Casi siempre hay algo, y casi siempre empieza por escuchar más y corregir menos.
Nuestra orientación inicial no diagnostica: sirve para saber si lo que pasa es propio de la edad, si merece trabajarse y con quién. A veces la respuesta es «esto puede esperar, con estas pautas». Otras es «esto se mira ya». En los dos casos salís sabiendo más que al entrar.
Si habéis leído hasta aquí, probablemente ya sabéis la respuesta a la pregunta del título. Contadnos qué habéis notado. No hace falta que sepáis qué le pasa ni cómo se llama. Y si él todavía no quiere venir, venid vosotros: que tenga con quién hablar empieza, muchas veces, por que lo tengáis vosotros.
Fuentes
- AEP EnFamilia — Padres y adolescentes: cómo mejorar su relación — Necesidad de separarse emocionalmente; «etapa del no»; aumento de discusiones al inicio que disminuye; motivos cotidianos; hablar con calma sin enjuiciar, posponer, negociar, hacerle partícipe; respetar a sus amigos; límites.
- AEP EnFamilia — ¿Qué es la depresión en la infancia y la adolescencia? — Regla del tiempo y el impacto; consultar si dura más de dos semanas, «ya no es el mismo», interfiere, se aísla; en adolescentes la depresión se ve como irritabilidad, apatía, aislamiento, vacío, culpa, bajada de rendimiento; señales de especial atención.
- AEP EnFamilia — Autolesiones y suicidio en adolescentes — Preguntar por el suicidio no aumenta el riesgo, lo reduce; signos de alarma; autolesiones como petición de ayuda, no «llamar la atención»; dialogar sin discutir ni criticar; tutor/orientador y pediatra; restringir acceso a medios; factores protectores (apoyo y comunicación familiar, pertenencia, planes de futuro).
- Ministerio de Sanidad — Línea 024 de atención a la conducta suicida — Gratuita, confidencial, 24 horas los 365 días; para personas con ideación y para familiares; chat y lengua de signos; deriva al 112 en riesgo vital; no sustituye la consulta presencial.
- OMS — Salud mental del adolescente (nota descriptiva, en español) — Uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años tiene un trastorno mental; factores de riesgo (acoso escolar, crianza muy severa) y de protección (entornos familiares y escolares de apoyo).
- AEP EnFamilia — Decálogo para un abordaje ético del malestar emocional en adolescentes y jóvenes — No priorizar el diagnóstico sobre la persona; no patologizar el malestar común; no abusar del etiquetado; presencia real frente a lo digital.
- CDC — About Behavior or Conduct Problems in Children — Trastorno de conducta: patrón mantenido de agresión y violación seria de normas, típico de la adolescencia; discutir o desafiar es normal.
- NICE CG158 — Antisocial behaviour and conduct disorders in children and young people — Valoración completa con condiciones asociadas; el TDAH no es barrera; intervenciones multimodales de 11 a 17 años; no usar fármacos de forma rutinaria para la conducta.


