Psicología · 26 de septiembre de 2022

Acoso escolar: cómo detectarlo, qué hacer en casa y con el colegio

Acoso o conflicto, señales en casa, tipos (físico, verbal, social, digital), qué hacer con el colegio y cómo se trabaja con la víctima y con quien acosa.

Escrito por Equipo clínico de anda CONMiGO. Terapeutas de la red, que escriben y revisan lo que aquí se cuenta.

Qué es acoso y qué es un conflicto

Empezamos por aquí porque es lo que más confunde a las familias y a los colegios. Que dos niños se peleen, se insulten un día o dejen de ser amigos no es acoso: es un conflicto, y los conflictos forman parte de crecer. El acoso es otra cosa.

La Asociación Española de Pediatría lo define así: hay acoso cuando alguien es perseguido, importunado y molestado de forma repetida. Las tres claves que lo distinguen de una pelea son la repetición (no es un día, es un patrón), la intención de hacer daño o humillar y el desequilibrio: quien acosa tiene más fuerza, más apoyos o más poder en el grupo, y quien lo recibe no puede salir solo de la situación.

Dos ideas de la AEP que conviene grabarse. Una: es un error pensar que «son cosas de niños» o que «le enseña a defenderse». Otra: la víctima nunca es responsable, aunque haya niños más vulnerables. Y añade algo que a veces se olvida: tanto el niño acosado como el que acosa necesitan atención. Son dos problemas distintos, pero los dos se trabajan.

¿Es frecuente? La UNESCO, a partir de las dos grandes encuestas internacionales sobre salud escolar, estima que casi uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido acosado por compañeros al menos una vez en el último mes. En Europa la forma más habitual es la psicológica, no la física. No hace falta más cifras para saber que en cualquier clase hay niños a los que les está pasando.

Señales en casa

Los niños casi nunca lo cuentan al principio. Por vergüenza, por miedo a que empeore o porque piensan que es culpa suya. Así que lo que veréis en casa son señales indirectas. La AEP recoge estas:

  • Cambios repentinos de ánimo: tristeza, ansiedad, irritabilidad que no estaba.
  • No quiere ir al colegio o a actividades con otros niños; se le acumulan las faltas; inventa excusas los domingos por la noche.
  • Dolores de tripa o de cabeza sin causa aparente, sobre todo los días de clase.
  • Cambios en el sueño (pesadillas, insomnio) o en la comida.
  • Se va aislando: deja de hablar de sus amigos, ya no le invitan, ya no quiere quedar.
  • Golpes o marcas en la cara o el abdomen que no cuadran con lo que hace; material roto o que «se pierde»; pide dinero o desaparecen cosas.
  • En las chicas, la AEP añade cambios inesperados en el ciclo menstrual como posible señal de estrés intenso.
  • Con el móvil: lo esconde, se altera al recibir mensajes, o de pronto no quiere tocarlo.

Y la señal más importante de todas: si os lo cuenta, creedle. La AEP es tajante: hay que creerle y centrarse en su malestar. La UNESCO añade el coste de no hacerlo: los niños acosados con frecuencia tienen casi tres veces más probabilidad de sentirse fuera de lugar en el colegio y el doble de faltar a clase.

Tipos: físico, verbal, social, digital

Poner nombre ayuda a explicárselo al colegio y al propio niño. Siguiendo a la AEP:

  • Físico: golpes, empujones, zancadillas, romper o quitar sus cosas.
  • Verbal: insultos, motes, burlas, rumores sobre él o sobre su familia. A menudo delante de otros, porque el objetivo es humillar.
  • Psicológico: amenazas e intimidación para provocar miedo o para que haga algo que no quiere.
  • Social: excluirle de forma activa, no dejarle sentarse, ignorar su presencia, organizar planes para que se entere de que no está invitado. Es el más difícil de ver y uno de los que más duele.
  • Por lo que es: acoso racista, por pertenecer a un grupo, o de tipo sexual, directo o por redes.
  • Digital (ciberacoso): insultos, amenazas, difusión de fotos o vídeos humillantes, suplantación de identidad, expulsión de grupos. La AEP señala lo que lo hace distinto: no descansa (24 horas, todos los días), la audiencia es enorme y se multiplica, y quien acosa se siente anónimo e impune. Suele empezar en el mundo real y pasar al móvil. Y puede ser delito: aunque los menores de 14 años no tienen responsabilidad penal, los padres sí responden civilmente.

Con el ciberacoso, tres cosas prácticas: no responder a los mensajes, guardar todo (capturas con fecha, no borrar) y bloquear y denunciar en la plataforma y, si hace falta, en la policía. Y no le quitéis el móvil como castigo: sentirá que la culpa es suya y dejará de contar.

Qué hacer con el colegio

El primer paso no es el colegio: es vuestro hijo. La AEP lo pone en este orden: hablar con él y transmitirle que lo que os importa es su bienestar; comentar la conveniencia de ir al pediatra; olvidar las culpas («¿y tú qué hiciste?», «¿por qué no te defendiste?»); y después hablar con el centro. También sugiere revisar con él sus redes y correos. Y una advertencia que muchas familias agradecen a tiempo: cambiarle de colegio no suele mejorar las cosas por sí solo.

Con el centro, así:

  1. Pedid cita con el tutor o tutora y, si el asunto es serio, con dirección. Por escrito (un correo) para que quede constancia y fecha.
  2. Llevad hechos, no adjetivos: qué pasó, cuándo, dónde, quién estaba, qué dijo vuestro hijo. Un cuaderno con fechas vale más que cualquier discurso.
  3. Preguntad por el protocolo. En España, la Ley Orgánica 8/2021 de protección a la infancia (LOPIVI) obliga a todos los centros a tener protocolos de actuación frente al acoso escolar y el ciberacoso (artículo 34) y a contar con un coordinador o coordinadora de bienestar y protección (artículo 35). Pedid que se active y quién es esa persona.
  4. Acordad medidas concretas y una fecha para revisarlas: vigilancia en el patio y el comedor, cambio de sitio en el aula, un adulto de referencia al que acudir, trabajo con el grupo. Y volved a la cita de seguimiento.
  5. Si no hay respuesta, escalad: inspección educativa de vuestra comunidad, y el teléfono 900 018 018 del Ministerio de Educación contra el acoso escolar: gratuito, atiende las 24 horas todos los días, no aparece en la factura y tiene chat para menores y para adultos.

La UNESCO señala qué tienen en común los países que han conseguido reducir el acoso: clima escolar positivo, sistemas para denunciar y hacer seguimiento, formación del profesorado, apoyo a los alumnos afectados y participación de los propios estudiantes. Es decir: no se arregla con un castigo puntual, se arregla trabajando el grupo. Si vuestro colegio va por ahí, apoyadle.

Cómo se trabaja con la víctima

Cuando un niño que ha vivido acoso llega a terapia no viene «a que le enseñen a defenderse». Viene, casi siempre, con la idea de que algo en él lo provocó. Lo primero que se trabaja es desmontar esa culpa y devolverle la sensación de seguridad.

A partir de ahí, en psicología se trabaja:

  • Poner palabras a lo vivido, a su ritmo, y que descubra que puede contarlo sin que pase nada malo.
  • La autoestima: recuperar lo que se le da bien, lo que le gusta, quién es él más allá del cole.
  • Las emociones: reconocer el miedo, la rabia y la tristeza y saber qué hacer con ellas; a veces también la ansiedad que se ha instalado (dormir mal, dolores, no querer salir). Si esto está muy presente, os puede servir la ansiedad infantil.
  • Habilidades sociales y asertividad: cómo decir «no», cómo pedir ayuda, cómo entrar en un grupo, cómo responder a una provocación sin agredir y sin hundirse. Se ensaya en sesión, con juegos de rol, para que salga solo cuando haga falta. Más en habilidades sociales y en asertividad en niños.
  • La red: identificar a quién puede acudir en el cole y fuera, y reconstruir amistades, a veces fuera del entorno donde ocurrió.

Con la familia trabajamos en paralelo: cómo escuchar sin interrogar, cómo no pasar de la protección a la sobreprotección, y cómo coordinarse con el centro. Y si aparecen frases de desesperanza («no quiero ir más», «ojalá no estuviera»), eso se mira ya: la AEP recuerda que el acoso no atendido puede llegar a conductas suicidas. En cómo saber si mi hijo adolescente necesita terapia explicamos qué hacer si vuestro hijo habla de la muerte.

Cómo se trabaja con quien acosa

Esta parte suele leerla otra familia: la que ha recibido la llamada del colegio diciendo que su hijo es el que acosa. Primero, lo que dice la AEP: también es un niño que necesita atención. Lo segundo, lo que vemos: que la familia acepte lo que está pasando es la mitad del camino. Negar, minimizar o culpar al otro niño le enseña que no ha pasado nada.

Detrás de un niño que acosa hay casi siempre una mezcla de cosas: dificultad para entender lo que sienten los demás, impulsividad, necesidad de sentirse fuerte o de pertenecer a un grupo, a veces haber vivido él mismo violencia o acoso, a veces un grupo que le ríe las gracias. Nada de eso le quita responsabilidad; sirve para saber qué trabajar.

En terapia, con él:

  • Que entienda qué ha hecho y qué ha provocado. No con sermones, sino poniéndose en el lugar del otro: qué sintió, cómo llegó a casa, qué dejó de hacer por miedo.
  • Reconocer sus propias emociones: qué hay antes de la agresión (rabia, envidia, aburrimiento, miedo a quedar fuera) y qué otra cosa puede hacer con eso.
  • Frenar el impulso: pararse antes de actuar, pensar consecuencias, pedir ayuda cuando se enfada.
  • Otra forma de tener sitio en el grupo: liderar sin humillar, ser gracioso sin que sea a costa de alguien. Se ensaya con juegos de rol, igual que con la víctima.
  • Reparar, cuando es posible y la víctima lo acepta: pedir perdón de verdad y cambiar la conducta de forma visible.

Con su familia: normas claras y consecuencias proporcionadas, sin violencia (castigar a golpes o con humillaciones a un niño por humillar a otro le confirma que así funciona el mundo), y un canal abierto para hablar de lo que pasa en el cole. Si en casa hay conflictos serios, también se atienden: en terapia familiar se trabaja con todos.

Y una cosa que a veces sorprende: el niño que acosa, cuando la conducta se mantiene en el tiempo y va acompañada de otras (mentiras, peleas, romper normas en todos los sitios), puede necesitar una valoración más amplia. Lo explicamos en problemas de conducta: cuándo es una etapa y cuándo pedir ayuda.

Niños más vulnerables: TEA, discapacidad

La UNESCO lo dice sin rodeos: los niños percibidos como diferentes en cualquier aspecto tienen más probabilidad de ser acosados, y el aspecto físico es la causa más frecuente, seguida del origen o el color de piel. A eso se suman los niños con discapacidad, los que tienen dificultades para relacionarse y, de forma muy marcada, los niños autistas.

La Confederación Autismo España recoge que más de la mitad del alumnado con autismo y discapacidad intelectual sufre acoso escolar, y que la cifra llega al 80 % cuando no hay discapacidad intelectual asociada. Es decir: el niño autista que «se nota menos», el que va a un aula ordinaria y habla bien, es el que más riesgo tiene. Porque no pilla los dobles sentidos, porque se toma en serio las bromas, porque reacciona de una forma que a otros les divierte provocar, y porque muchas veces no sabe que lo que le pasa se llama acoso.

Si vuestro hijo es autista o tiene alguna discapacidad, dos cosas más que las anteriores:

  • Enseñadle qué es acoso con ejemplos concretos, sin dar por hecho que lo distingue de una broma: «si te quitan la mochila todos los días y se ríen, eso no es un juego, eso se cuenta».
  • Pactad con el cole un adulto de referencia y un plan para el patio y el comedor, que son los momentos sin estructura donde más pasa. En autismo de 3 a 12 años y en neurodivergencia en la escuela hay más sobre cómo pedirlo.

Sea cual sea la situación de vuestro hijo, contadnos qué habéis notado. No hace falta que tengáis claro si es acoso o un conflicto: eso es lo primero que se mira, con él y con vosotros. Nuestra orientación no sustituye al protocolo del colegio ni a la denuncia cuando hace falta, pero sí os ayuda a saber qué está pasando y por dónde empezar.

Fuentes

  1. AEP EnFamilia — Bullying: acoso entre iguales — Definición (perseguido, importunado, molestado de forma repetida); no son «cosas de niños»; la víctima nunca es responsable; acosado y acosador requieren atención; tipos; señales en el niño; cómo actuar (creerle, pediatra, sin culpas, hablar con el centro, revisar redes, cambiar de colegio no suele mejorar); riesgo de conducta suicida.
  2. AEP EnFamilia — Ciberacoso — Definición y métodos; debe ser repetido; empieza en el mundo real; 24 horas, audiencia amplificada, desinhibición e impunidad; puede ser delito; menores de 14 inimputables pero responsabilidad civil de los padres.
  3. UNESCO — School violence and bullying a major global issue, new UNESCO publication finds (Behind the numbers, 2019) — Casi uno de cada tres estudiantes (32 %) acosado en el último mes; en Europa predomina el psicológico; los percibidos como diferentes, aspecto físico y origen como causas; casi 3 veces más sentirse fuera de lugar y más del doble de faltar a clase; factores comunes de los países que lo han reducido.
  4. Ministerio de Educación, FP y Deportes — Acoso escolar (teléfono 900 018 018) — Teléfono 900 018 018 y chats para menores y adultos; 24 horas, 365 días; gratuito y no aparece en la factura.
  5. BOE — Ley Orgánica 8/2021, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI), arts. 34 y 35 — Protocolos de actuación frente al acoso escolar y ciberacoso en los centros; coordinador o coordinadora de bienestar y protección en todos los centros educativos.
  6. Confederación Autismo España — Educación — Más del 50 % del alumnado con autismo y discapacidad intelectual sufre acoso escolar; 80 % cuando no hay discapacidad intelectual asociada.
  7. Ministerio de Educación — Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar: estudios y publicaciones — Existencia de la Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso y del Estudio Estatal de convivencia en Primaria (2023); consultado, sin cifras de prevalencia en la página.

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