Psicología · 14 de agosto de 2021

Gestión emocional en niños: entender lo que sienten, por edades

Qué es gestionar una emoción y qué no, qué esperar de 2 a 6 y de 6 a 12 años, lo que hacemos los adultos sin querer, pautas para casa y cuándo consultar.

Escrito por Equipo clínico de anda CONMiGO. Terapeutas de la red, que escriben y revisan lo que aquí se cuenta.

Qué es gestionar una emoción (y qué no es «no llorar»)

Cuando una familia nos dice «queremos que aprenda a gestionar sus emociones», casi siempre quiere decir «queremos que deje de explotar». Es comprensible. Pero gestionar una emoción no es no sentirla ni taparla. La Asociación Española de Pediatría lo describe como ser conscientes de lo que sentimos, poder describirlo y regular su intensidad y su duración, para elegir después qué hacemos con ello en vez de reaccionar sin más.

Fijaos en el orden: primero notar, luego nombrar, luego regular, luego actuar. Un niño que llora cuando está triste está haciendo bien la primera parte. Lo que le falta, por edad, son las siguientes. Y eso no se aprende a base de «no llores» ni de «no pasa nada»: se aprende con un adulto al lado que le ayuda a ponerle nombre y a volver a la calma, una y otra vez, hasta que pueda solo.

La AEP añade dos ideas que quitan mucha presión. Una: todas las emociones son buenas para el desarrollo; la rabia, el miedo y la tristeza tienen una función, y aceptarlas con naturalidad favorece un desarrollo emocional sano. Otra: las frustraciones y contrariedades de la vida normal forman parte de crecer y no dejan traumas; lo que sí complica las cosas es un mundo acolchado donde nunca se oye un «no». Vuestro trabajo no es evitar que se frustre. Es acompañarle cuando se frustra.

¿Y para qué sirve todo esto? La AEP recoge que las personas que saben regular sus emociones tienen menos riesgo de depresión, ansiedad y otras conductas de riesgo. No es un extra: es salud.

De 2 a 6 años

En esta etapa el cerebro todavía no puede hacer lo que le pedimos. La AEP lo explica con claridad: los niños sienten emociones que aún no pueden manejar; su cerebro se activa «en bloque» ante lo de dentro (hambre, sueño, dolor) y lo de fuera (ruido, un cambio, un «no»), y responde como puede. Por eso las rabietas son esperables sobre todo entre los dos y los cuatro años. No son mala educación ni un fallo vuestro.

Lo que sí va apareciendo, y podéis observar:

  • A los dos años la mayoría de los niños ya se dan cuenta cuando alguien está triste o se ha hecho daño: se paran, miran, se acercan. Es el principio de la empatía.
  • A los tres, la mayoría se calma en unos diez minutos después de que os vayáis, por ejemplo al dejarlos en la escuela infantil. Tardar más no es alarma; no calmarse nunca, con el tiempo, sí merece comentarlo.
  • Hacia los cuatro empiezan a poder responder a preguntas abiertas («¿qué podríamos hacer?») en vez de necesitar que les deis la alternativa hecha.

Qué funciona a estas edades, según la AEP y los CDC:

  • Nombrar lo que siente, antes de nada: «estás muy enfadado porque querías seguir en el parque». Sentirse comprendido por alguien querido y poder poner nombre a la emoción es, según la AEP, lo que inicia la regulación.
  • En plena rabieta, no razonar. Garantizad su seguridad, quedaos cerca, y observad qué le va mejor: algunos niños necesitan contacto y otros lo rechazan. Se habla después.
  • Anticipar lo que sabéis que le desborda: cansancio, hambre, salir del parque sin aviso. «Dos toboganes más y nos vamos» ahorra muchas escenas. Y si no las ahorra, no os frustréis: la AEP también lo dice.
  • Enseñar formas aceptables de expresar el enfado en vez de la rabieta, como recomiendan los CDC para los dos-tres años: pisar fuerte, decir «estoy enfadado», pedir un abrazo, ir a su rincón.
  • Cuando digáis «no», decid qué sí. Los CDC lo ponen así para los tres a cinco años: si le decís que no haga algo, decidle qué puede hacer en su lugar. Y ofrecedle pocas opciones sencillas (qué camiseta, qué cuento) para que sienta que decide.
  • Atención a lo que hace bien. Los CDC recomiendan dar atención y elogio cuando sigue las instrucciones y se comporta bien, y limitar la atención a la conducta desafiante. La atención es su combustible; que vaya a lo que queréis que crezca.

Si las rabietas son muy frecuentes, muy largas o con golpes, y no mejoran con nada de esto, en problemas de conducta de 2 a 3 años y de 5 a 6 años lo desarrollamos.

De 6 a 12 años

En primaria las explosiones suelen bajar y aparecen emociones más complejas: vergüenza, celos, culpa, la sensación de ser peor que otros, el miedo a quedar fuera del grupo. Ya pueden hablar de lo que sienten, pero no siempre quieren o saben. Y cambia algo importante: lo que más les afecta pasa fuera de casa, en el cole y con los amigos, y vosotros lo veis de refilón.

Qué podéis observar:

  • Cómo lleva perder y equivocarse. Si un juego de mesa acaba siempre en drama, si rompe el dibujo que no le sale, es que la frustración todavía le desborda. Se practica jugando, perdiendo un poco y hablándolo después.
  • Cómo habla de sí mismo. «Soy tonto», «nadie me quiere», «siempre me pasa a mí». Son frases que merecen que os paréis, sin dramatizar: «¿qué ha pasado hoy para que pienses eso?».
  • Las emociones que salen por el cuerpo. Dolores de tripa los domingos, dolores de cabeza antes del cole, dormir peor. La AEP recuerda que en los niños la tristeza y el malestar a menudo se expresan como irritabilidad, menos ganas de jugar, llanto fácil o quejas físicas repetidas, no como «estoy triste».

Qué funciona a estas edades:

  • Preguntas abiertas y esperar. La AEP sugiere, a partir de los cuatro años, «¿cómo crees que lo podríamos arreglar?», «¿qué te parece que podrías hacer ahora?». Impulsan el razonamiento y cuidan la autoestima. En primaria son la herramienta principal.
  • Un momento fijo para hablar que no sea un interrogatorio: el trayecto en coche, la cena, el rato antes de dormir. Muchos niños cuentan más de lado que de frente.
  • Validar antes de corregir. «Entiendo que te diera rabia que no te eligieran» va antes que «pero no se pega». La AEP separa las dos cosas: toda emoción es válida; no toda conducta lo es. Poner límites a la conducta, desde la calma, es parte de educar la emoción, no lo contrario.
  • Enseñar a esperar y a pensar antes de actuar: contar hasta diez, beber agua, irse un momento. Y practicarlo cuando está tranquilo, no en medio del enfado.
  • Cuidar la autoestima con hechos: responsabilidades reales en casa, cosas que se le dan bien fuera del cole, y elogios concretos («has aguantado sin gritar cuando tu hermano te ha quitado el mando») en vez de «muy bien» genéricos.

Si lo que más notáis son los miedos o la preocupación constante, en la ansiedad infantil hay más. Y si sabe lo que siente pero no se atreve a decirlo, asertividad en niños va justo de eso.

Lo que hacen los adultos sin querer

No es un apartado para sentirse culpable. Es un espejo. La AEP lo dice sin rodeos: los niños aprenden a gestionar emociones sobre todo observando a sus cuidadores, así que mejorar en la nuestra puede ser la mejor forma de enseñarles. Cosas que hacemos todos, y que conviene ver:

  • Negar la emoción para calmar: «no llores», «no es para tanto», «no tengas miedo». La intención es buena; el mensaje que llega es «lo que sientes está mal». Alternativa: «veo que te ha dado miedo. Estoy aquí».
  • Razonar en el pico. Explicar, negociar o dar lecciones mientras está desbordado. La AEP es clara: ese momento no es adecuado para razonar. Primero calma, luego palabras.
  • Explotar nosotros. Gritar para que deje de gritar. Solo podemos tranquilizar desde nuestra propia calma, dice la AEP. Si no la tenéis, es legítimo decir «necesito un minuto» y volver.
  • Expectativas por encima de su edad. Pedirle a un niño de tres años que «se controle» o a uno de ocho que «no se lo tome así». La AEP pone en primer lugar de sus pautas conocer a su hijo: entender su momento madurativo y sus necesidades, porque las expectativas inadecuadas dificultan acompañarle.
  • Retirar el cariño como castigo. «Si te portas así no te quiero». La AEP recomienda recordarle que le queréis y mostrar afecto: que sepa que vuestra estima y su lugar en la familia no dependen de la emoción que sienta él ni vosotros.
  • Estar sin estar. Preguntar «¿qué tal el cole?» mirando el móvil. La AEP recomienda tiempo de calidad, jugar con atención plena, escuchar sin juzgar; eso crea las oportunidades para acompañarle cuando haga falta.

Estrategias que funcionan en casa

Para tener a mano. Elegid dos o tres, no todas a la vez.

  • Un vocabulario de emociones. Nombradlas en cualquier ocasión: en los cuentos, en las películas, en vosotros («estoy nervioso porque llego tarde»). La AEP sugiere descubrir con ellos en qué parte del cuerpo las notan: el corazón rápido, calor en la cara, la boca seca. Cuanto más rico el vocabulario, menos hace falta el grito.
  • Un rincón de la calma, no de castigo: cojines, un cuento, algo que apretar. Se va voluntariamente, y vosotros también podéis decir «me voy un rato a la calma».
  • Respirar juntos: inflar un globo imaginario, oler la flor y soplar la vela. Se practica en calma para que esté disponible en el enfado.
  • Rutinas previsibles y avisos antes de los cambios. Lo previsible tranquiliza a cualquier edad.
  • Repasar el día antes de dormir: algo bueno, algo difícil, y qué haríamos distinto. Cinco minutos.
  • Modelo en directo: cuando os equivoquéis (gritar, por ejemplo), reparadlo delante de él: «me he enfadado y he gritado; no quería hacerlo, perdona». Aprende más de eso que de cualquier charla.
  • Libros y películas que hablan de emociones y dan pie a conversar. La AEP menciona, entre otros, El monstruo de colores, el Emocionario o la película Del revés.

Cuándo consultar

La mayoría de lo que hemos contado es desarrollo normal, y con acompañamiento va mejorando. Pero hay cosas que merecen una valoración, y para eso está el pediatra y estamos nosotros. La AEP, hablando de la tristeza, da una regla que sirve para casi cualquier emoción: mirad el tiempo y el impacto.

Es esperable si dura pocos días, tiene que ver con algo concreto y no le impide hacer su vida. Conviene consultar si:

  • Dura más de dos semanas sin mejorar.
  • Notáis que «ya no es el mismo»: ha cambiado su manera de ser.
  • Interfiere en el cole, con los amigos o en casa.
  • Se aísla de forma progresiva.
  • El malestar no mejora aunque le acompañéis.
  • Las rabietas o explosiones, pasados los cinco o seis años, siguen siendo diarias, muy largas o con daño a sí mismo o a otros.

Y hay señales que se toman siempre en serio, a cualquier edad: comentarios de desesperanza («no valgo para nada», «no puedo más»), rechazo persistente a relacionarse, autolesiones o una desconexión marcada de su entorno. Ante eso, la AEP pide buscar ayuda profesional sin esperar.

Consultar no es etiquetar. La AEP lo resume en una frase que nos gusta: pedir ayuda a tiempo es una forma de querer bien. Si algo en vuestro hijo no os cuadra, contadnos qué habéis notado. No hace falta que sepáis qué le pasa ni cómo se llama: eso es lo que miramos juntos en psicología infantil, con él y con vosotros. Nuestra orientación inicial no diagnostica, pero sí os dice qué es propio de la edad y qué merece trabajarse. Y si el problema es más de conducta que de emoción, en problemas de conducta: cuándo es una etapa y cuándo pedir ayuda seguimos.

Fuentes

  1. AEP EnFamilia — Acompañar la gestión emocional de la infancia — Definición de gestión emocional; menos riesgo de depresión, ansiedad y conductas de riesgo; aprenden observando a los cuidadores; pautas (conocer, empatizar, aceptar y nombrar, expresión, límites a la conducta, alternativas antes de los 4 y preguntas abiertas después, afecto, tiempo de calidad).
  2. AEP EnFamilia — Las rabietas: comprender para poder acompañar — Rabietas entre 2 y 4 años por inmadurez cerebral; el cerebro se activa en bloque; corregulación; no razonar en el momento; contacto físico según el niño; anticipar cansancio y hambre; nombrar emociones y dónde se notan en el cuerpo; ejemplo del adulto; libros y películas.
  3. AEP EnFamilia — Emociones negativas y estrés — Las frustraciones de la vida normal forman parte de crecer y no dejan traumas; los límites generan frustración necesaria; la gratificación continua puede ser peor.
  4. AEP EnFamilia — ¿Qué es la depresión en la infancia y la adolescencia? — En niños el malestar se expresa como irritabilidad, menos ganas de jugar, llanto fácil, quejas físicas; regla del tiempo y el impacto; consultar si dura más de dos semanas, «ya no es el mismo», interfiere, se aísla; señales de especial atención; «pedir ayuda a tiempo es una forma de querer bien».
  5. CDC — Positive Parenting Tips: Toddlers (2-3 years) — Enseñar formas aceptables de expresar el enfado en vez de rabietas; atención y elogio a la buena conducta; limitar la atención a la conducta desafiante.
  6. CDC — Positive Parenting Tips: Preschoolers (3-5 years) — Cuando se dice «no», decir qué hacer en su lugar; pocas opciones sencillas; guiar paso a paso cuando está alterado; consistencia.
  7. CDC — Important Milestones: Your Child By Two Years — A los 2 años la mayoría nota cuando otros están tristes o se han hecho daño.
  8. CDC — Important Milestones: Your Child By Three Years — A los 3 años la mayoría se calma en unos 10 minutos tras la despedida.

Contadnos qué habéis notado

Aunque no sepáis ponerle nombre. Os llamamos desde vuestro centro más cercano.

Consúltanos sin compromiso