Habla, lenguaje y voz no son lo mismo
Cuando salís de una valoración con un informe en la mano, aparecen palabras que nadie os había dicho: dislalia, disglosia, disfemia. Suenan parecidas y asustan más de lo que deberían. Esta guía las explica una a una, con ejemplos de casa. Pero antes, la distinción que ordena todo lo demás.
- Habla es cómo suenan las palabras: pronunciar los sonidos, encadenarlos con ritmo, que se entienda. Un niño con un problema de habla tiene ideas y frases para su edad, pero le salen mal o a trompicones.
- Lenguaje es lo que hay detrás: entender lo que le dicen, tener palabras, construir frases, usarlas para pedir, contar y relacionarse. Un niño con un problema de lenguaje puede pronunciar bien y, sin embargo, hablar poco, entender mal o hacer frases muy simples para su edad.
- Voz es el sonido que sale de la garganta: ronca, apagada, nasal.
La logopedia se ocupa de las tres, y también de la audición, de tragar y de la lectura y la escritura, según define la profesión el Consejo General de Colegios de Logopedas. Este artículo va de la primera: los trastornos del habla. Si lo que notáis es que vuestro hijo habla poco o no entiende, el artículo que buscáis es retraso del lenguaje en niños.
Y una idea para llevarse desde ya: la mayoría de los problemas del habla en niños pequeños son frecuentes, se conocen bien y responden a la intervención. La ASHA recuerda que es normal cometer errores mientras se aprende a hablar; lo que se mira es que esos errores no desaparezcan cuando el niño crece.
Dislalia
Es la palabra que más se oye y el motivo de consulta más habitual entre los 3 y los 6 años. Dislalia significa que el niño pronuncia mal uno o varios sonidos sin que haya una causa física ni neurológica: la boca está bien, el oído está bien, pero el sonido no sale como toca. En la clasificación actual de la ASHA entra dentro de los «trastornos de los sonidos del habla», que a su vez se dividen en dos tipos que a veces se mezclan:
- De articulación: el niño no ha aprendido a colocar la lengua, los labios o el aire para un sonido concreto. El ejemplo clásico es la «r» que sale como una «r» francesa o directamente como «d» o «l»: «cado» por «carro», «lata» por «rata». Se llama rotacismo.
- Fonológico: el niño puede hacer el sonido, pero en las palabras lo sustituye, lo omite o lo cambia de sitio siguiendo un patrón: «toche» por «coche», «cuato» por «cuatro», «pato» por «plato». Suele afectar a varios sonidos y hace que se le entienda peor.
Cuándo es normal y cuándo no. A los 2-3 años, «tasa» por «casa» o «pota» por «pelota» son parte del camino. La ASHA señala que la mayoría de los niños dice casi todos los sonidos correctamente a los 4 años; la «r» fuerte y los grupos como «tr» o «bl» son de los últimos y pueden llegar cerca de los 5. Se mira cuando los errores que eran normales a los 3 siguen ahí a los 5, cuando a los 4 la gente de fuera no le entiende la mayor parte, o cuando el niño se da cuenta y evita palabras o deja de hablar en el cole.
Qué se hace. El logopeda comprueba primero que oye bien y que la boca funciona (lengua, paladar, dientes, respiración), y después trabaja el sonido con juego: dónde se pone la lengua, cómo sale el aire, primero suelto, luego en sílabas, palabras y frases. Con pautas para casa la mejora suele ser visible, y el pronóstico en la dislalia sin otra causa es bueno.
Disglosia
Aquí el sonido sale mal porque hay algo físico en los órganos del habla que lo dificulta: el labio, la lengua, los dientes, el paladar o la nariz. Los ejemplos más conocidos son el labio leporino y la fisura del paladar (el paladar no se cerró del todo antes de nacer), pero también entran un frenillo de la lengua muy corto, una mordida muy desplazada o un paladar demasiado alto.
Lo que notaréis en casa depende de dónde esté la causa: voz nasal o aire que se escapa por la nariz al hablar, sonidos que necesitan cerrar los labios («p», «b», «m») que salen flojos, o dificultad con los que usan la punta de la lengua («t», «d», «l», «r»). Puede haber también problemas para mamar o tragar en los bebés.
Qué se hace. Es un trabajo en equipo: el médico (pediatra, cirujano maxilofacial, otorrino, ortodoncista) trata la causa cuando hace falta, y el logopeda trabaja el habla antes y después, para que el niño aprenda a usar bien lo que tiene. La ASHA incluye las alteraciones estructurales como la fisura palatina entre las causas de los trastornos de los sonidos del habla que valora el logopeda.
Disfemia (tartamudez)
Disfemia es el nombre técnico de la tartamudez: un trastorno de la fluidez en el que el ritmo del habla se rompe con repeticiones («pa-pa-pa-papá»), prolongaciones («sssss-opa») o bloqueos, cuando el niño se queda atascado sin que le salga la palabra. La AEP la define como un trastorno del ritmo del habla y sitúa su aparición sobre todo en la infancia, a partir de los 18 meses.
Lo primero que hay que saber es que entre los 2 y los 5 años es normal no ser del todo fluido. El niño está aprendiendo a organizar frases largas y a veces repite palabras enteras, vuelve a empezar o mete «eh… eh…». La AEP lo llama disfluencia evolutiva y la ASHA habla de periodos normales que duran menos de seis meses. El NIDCD estima que entre el 5 % y el 10 % de los niños tartamudean en algún momento y que alrededor de tres de cada cuatro se recuperan.
Lo que distingue una disfluencia normal de una tartamudez que hay que mirar, según la AEP y el NIDCD:
- Prolonga sonidos o se bloquea, en vez de repetir palabras enteras.
- Se nota tensión: aprieta la cara, cierra los ojos, mueve la cabeza o el cuerpo para «sacar» la palabra.
- Lleva más de tres a seis meses así, o va a más.
- Empieza pasados los 3 años y medio.
- Hay tartamudez en la familia.
- El niño se da cuenta, se frustra, evita hablar o cambia palabras.
Qué se hace. Con los pequeños, la AEP lo dice claro: el tratamiento es sobre todo con los padres, con juego y sin exigir ni forzar. Se os enseña a hablar más despacio, a dejar que termine sin acabarle las frases, a mirar lo que dice y no cómo lo dice. Con los mayores se trabaja directamente con el niño en técnicas para controlar el habla. Tenéis el detalle en disfemia: causas, señales y tratamiento de la tartamudez.
Un apunte sobre una palabra que aparecía en versiones antiguas de este artículo: la disprosodia. Se usa para alteraciones del ritmo, la velocidad y la entonación del habla. No es una categoría diagnóstica de uso habitual en niños y no la vais a ver en un informe como diagnóstico principal; si os la mencionan, pedid que os la expliquen.
Disartria
La disartria es distinta de todo lo anterior: el habla sale mal porque los músculos que la producen (lengua, labios, mandíbula, respiración) no reciben bien las órdenes del cerebro o están débiles. La ASHA la describe como un problema en el que un daño en el cerebro o los nervios cambia cómo funcionan los músculos, y el habla suena lenta, arrastrada o difícil de entender. En niños, la causa más frecuente es la parálisis cerebral; también un traumatismo o algunos síndromes.
Lo que se ve: habla poco clara y con esfuerzo, voz débil o nasal, dificultad para controlar el volumen o la velocidad, babeo, problemas para masticar y tragar. No es que el niño «no sepa» el sonido: es que el cuerpo no se lo permite del todo.
Qué se hace. El logopeda trabaja la respiración, la voz, el control de los movimientos de la boca y, sobre todo, que el niño se comunique lo mejor posible: si el habla no va a ser suficiente, se incorporan sistemas de comunicación alternativos o aumentativos (imágenes, pictogramas, dispositivos) sin esperar. Es un trabajo de equipo con fisioterapia, terapia ocupacional y neuropediatría. Si vuestro hijo tiene parálisis cerebral, tenéis más en parálisis cerebral infantil.
No hay que confundirla con la apraxia del habla infantil, en la que los músculos están bien pero el cerebro tiene dificultad para planificar los movimientos. La ASHA las distingue expresamente. Son cuadros menos frecuentes que la dislalia y siempre requieren valoración especializada.
¿Y la dislexia? No es del habla
Durante años este artículo, como muchos otros, incluía la dislexia en la lista de trastornos del habla. Es un error y lo corregimos. La dislexia no tiene que ver con cómo se pronuncia: es una dificultad de aprendizaje de la lectura y la escritura. El NHS la define como una dificultad de aprendizaje frecuente en la que el cerebro procesa de forma distinta, que afecta sobre todo a leer, escribir y deletrear, y que no afecta a la inteligencia.
Se identifica normalmente en primaria, cuando el niño lee bastante por debajo de lo esperado para su edad, lee despacio y con dudas en voz alta, o escribe con muchas faltas que no mejoran. El NHS señala que la valoración la hace habitualmente un psicólogo educativo o un especialista, no un médico. En España, ese trabajo lo hacen la psicopedagogía y la logopedia especializada en lectoescritura, en coordinación con el colegio.
Lo que sí tienen en común la dislexia y algunos trastornos del habla y del lenguaje es que pueden aparecer juntos. Un niño que tuvo dificultades con los sonidos de las palabras de pequeño tiene más papeletas para que los sonidos de las letras también se le hagan difíciles. Por eso, cuando un niño de 3-5 años tiene una dislalia importante o un retraso del lenguaje, el logopeda vigila también cómo van las rimas, las sílabas y las primeras letras.
Tenéis los artículos sobre lectura, escritura y dificultades de aprendizaje en el hub de psicopedagogía, y cómo trabajamos en psicopedagogía infantil. Antes de que el niño lea, el artículo útil es requisitos para la preescritura y la escritura.
Cuándo consultar
No hace falta que sepáis si lo que oís es dislalia o disfemia. Consultad si:
- Con 3 años, ni vosotros le entendéis la mitad de lo que dice.
- Con 4, las personas de fuera no le entienden la mayor parte.
- Con 5-6, siguen los errores de pronunciación que a los 3 eran normales, o la «r» y los grupos como «tr» no aparecen.
- Habla por la nariz, se le escapa aire al hablar, babea mucho o siempre tiene la boca abierta.
- Repite, prolonga o se bloquea al hablar con tensión visible, lleva más de unos meses así o hay tartamudez en la familia.
- El habla suena arrastrada, débil o con mucho esfuerzo, sobre todo si hay algún diagnóstico neurológico.
- Se da cuenta de que habla distinto y evita hablar, o los otros niños se ríen de cómo habla.
El primer paso puede ser el pediatra, que revisa la audición, o directamente una valoración en logopedia infantil. En cuándo llevar a un niño al logopeda os contamos qué pasa en esa primera visita. Una valoración orienta, no diagnostica de entrada; y muchas veces termina con un «esto puede esperar, lo revisamos». Contadnos qué habéis notado.
Fuentes
- Consejo General de Colegios de Logopedas — Qué es la logopedia — Ámbitos de la logopedia: comunicación, habla, lenguaje, voz, audición, deglución, lectura y escritura.
- ASHA (Helping You Communicate) — Speech Sound Disorders — Trastornos de articulación y fonológicos; errores normales al aprender; la mayoría dice casi todos los sonidos a los 4; causas estructurales (fisura palatina), auditivas y neurológicas (disartria, apraxia); la valoración incluye audición y órganos articulatorios.
- ASHA Practice Portal — Spoken Language Disorders — Distinción habla / lenguaje y los cinco componentes del lenguaje.
- AEP EnFamilia — Tartamudez — Definición (trastorno del ritmo del habla), inicio a partir de los 18 meses, disfluencia evolutiva entre 2 y 5 años, 5-10 % tartamudea en alguna etapa, señales de problema (prolongaciones, bloqueos, tensión, movimientos de la cara), tratamiento con los padres en pequeños.
- NIDCD — Stuttering — 5-10 % de los niños tartamudea en algún momento; 75 % se recupera; consultar si dura 3-6 meses, hay esfuerzo o antecedentes familiares; consejos a padres.
- ASHA (Helping You Communicate) — Stuttering and Cluttering — Inicio entre 2 y 6 años; periodos normales de disfluencia de menos de 6 meses; factores de riesgo: inicio después de los 3 años y medio, persistencia 6-12 meses, tensión, evitación.
- ASHA (Helping You Communicate) — Dysarthria — Definición (daño cerebral o nervioso que cambia cómo funcionan los músculos), causas incluida la parálisis cerebral, signos (habla lenta, arrastrada, voz nasal, dificultad con lengua/labios/mandíbula) y distinción con la apraxia del habla.
- NHS — Dyslexia — La dislexia es una dificultad de aprendizaje que afecta a leer, escribir y deletrear, no afecta a la inteligencia, se identifica en la escuela y la valora un psicólogo educativo o especialista, no un médico.
- RADLD — Hoja informativa TDL/TEL (castellano) — Los trastornos del lenguaje y la dislexia están muy relacionados y con frecuencia coinciden (base para el párrafo sobre coocurrencia).


