Psicología · 9 de septiembre de 2026

Rabietas a los 2 y 3 años: qué hacer en el momento y cuándo consultar

Por qué las rabietas llegan a los 2 años, qué hacer mientras dura y después, cómo prevenirlas, el espasmo del sollozo y cuándo conviene consultar.

Escrito por Equipo clínico de anda CONMiGO. Terapeutas de la red, que escriben y revisan lo que aquí se cuenta.

Qué es una rabieta (y qué no)

Estáis en el súper. Vuestro hijo de dos años quiere el paquete de galletas que ha visto en la estantería. Decís que no. En tres segundos está en el suelo, gritando, rojo, dando patadas, y media cola de la caja os mira. Eso es una rabieta. Y si tiene dos o tres años, es lo más normal del mundo.

Una rabieta es una explosión de emoción que el niño no puede controlar: llanto, gritos, tirarse al suelo, patalear, a veces pegar o tirar cosas. Aparece cuando algo le frustra (un «no», algo que no consigue, un cambio) y él aún no tiene herramientas para gestionarlo. No es un plan para manipularos, aunque a veces lo parezca. Es que le desborda.

Las rabietas «suelen empezar hacia los 18 meses y son muy comunes en los niños pequeños», explica el servicio de salud británico (NHS). Los pediatras de la AEPap sitúan su momento fuerte «especialmente entre los 2 y los 4 años». Y se van solas: «hacia los 4 años las rabietas son mucho menos frecuentes», a medida que el lenguaje y el autocontrol maduran.

Lo que no es una rabieta: un niño que está enfermo y llora sin consuelo, un niño que pega sistemáticamente sin frustración previa, o un niño de 5 o 6 años que sigue teniendo explosiones diarias como cuando tenía dos. De eso hablamos al final.

Por qué a los 2 y 3 años

No es casualidad que las rabietas lleguen justo a esta edad. Se juntan tres cosas:

  1. Quiere mucho más de lo que puede. Hacia los 2 años el niño descubre que es alguien distinto de vosotros, con su voluntad. Quiere elegir, quiere hacerlo solo, quiere lo que quiere cuando lo quiere. Pero sus manos, sus piernas y el mundo no le siguen el ritmo. Esa distancia entre lo que quiere y lo que puede es una fábrica de frustración.
  2. No tiene palabras suficientes. El NHS lo resume así: los niños pequeños «quieren expresarse, pero les resulta difícil». Un niño de dos años que no puede decir «estoy cansado y quiero irme a casa» lo dice con el cuerpo. Por eso, cuando el lenguaje despega, las rabietas bajan.
  3. Su freno aún no está montado. La parte del cerebro que nos permite parar un impulso, esperar y calmarnos tarda años en madurar. Zero to Three, la organización de referencia en primera infancia, lo dice sin rodeos: los niños pequeños «todavía no son capaces de detener sus impulsos». No es que no quiera controlarse; es que no puede.

A eso se suman los desencadenantes de siempre: cansancio, hambre, sueño, demasiado ruido o demasiada gente, un cambio de plan sin aviso. Fijaos en cuándo ocurren las rabietas de vuestro hijo. Muchísimas veces la hora lo explica todo: la del súper a las siete de la tarde no es por las galletas, es porque lleva desde las nueve de la mañana en marcha.

Qué hacer en el momento

En plena rabieta, casi nada de lo que digáis va a entrar. La AEPap lo explica: el momento concreto de la rabieta «no es adecuado para razonar con ellos». Lo que sí funciona:

  • Primero, seguridad. Si está en el suelo del súper, apartad el carro. Si está cerca de la calle, cogedle. Si pega o tira cosas, retirad lo que puede hacer daño. El resto puede esperar.
  • Vosotros, la calma. Es lo más difícil y lo que más importa. Un niño desbordado necesita a un adulto que no lo esté. Respirad, bajad la voz, aflojad los hombros. El NHS lo dice claro: esperad a que pase sin «perder los nervios ni gritar».
  • Quedaos cerca. No hace falta hablar mucho. Una frase corta y tranquila («estoy aquí», «ya sé que querías las galletas») basta. Con algunos niños funciona un abrazo firme; con otros, tocarles en ese momento lo empeora. Vosotros sabéis cuál es el vuestro.
  • No cedáis. Si el «no» era a las galletas, sigue siendo no. El NHS: «no cambiéis de opinión». Ceder para que pare funciona hoy y garantiza la rabieta de mañana, porque el niño aprende que así se consigue. La AEPap añade: nada de chantajes tipo «si dejas de llorar te compro un juguete».
  • Con los más pequeños, distraed. A un niño de 18 o 24 meses a veces se le corta la rabieta señalando un perro por la ventana o cambiando de habitación. Con tres años ya funciona menos, pero probadlo.
  • Ignorad las miradas. La gente del súper no va a criar a vuestro hijo. «Ignorad las miradas de la gente de alrededor», aconseja el NHS. Estáis haciendo lo correcto.

Sobre retirar la atención: es una técnica que recomiendan tanto la AEPap como los CDC estadounidenses para rabietas «de escaparate», las que buscan que miréis. Consiste en no mirar, no hablar y no reaccionar mientras dura, sin dejar al niño solo ni en peligro, y volver a la normalidad en cuanto para. No es lo mismo que castigar ni que abandonar. Si vuestro hijo se calma mejor con vosotros cerca y en silencio, eso también es retirar la atención al comportamiento sin retirársela a él.

Lo que no ayuda: gritar más alto que él, pegar, razonar largo y tendido, amenazar con cosas que no vais a cumplir, o reíros de él. Nada de eso le enseña a calmarse; solo le enseña que vosotros también os desbordáis.

Y después

Cuando pasa la tormenta, llega la parte que de verdad educa.

  • Volved a la normalidad rápido. Sin sermón, sin cara larga durante una hora. Los CDC lo resumen: una vez pasado, «volved a ser positivos con vuestro hijo». Un abrazo, seguir con lo que tocaba.
  • Reconoced que se ha calmado. «Te has tranquilizado, muy bien.» Es más útil que cualquier análisis de lo que hizo mal.
  • Ponedle palabras a lo que pasó, en una frase: «Estabas muy enfadado porque querías las galletas y yo he dicho que no». Así aprende que eso que sentía tiene nombre y que se puede decir. Con el tiempo, dirá «enfadado» en vez de tirarse al suelo.
  • Enseñadle qué sí puede hacer. Zero to Three insiste en decir y mostrar al niño «lo que sí puede hacer» en vez de solo prohibir: «cuando te enfades, puedes pisar fuerte», «puedes venir a que te abrace», «puedes decir "no quiero"».
  • No exijáis perdón en ese momento. Un «perdón» arrancado a la fuerza no enseña nada. Reparar (recoger lo que tiró, dar un beso a quien pegó) tiene más sentido, y mejor cuando ya está tranquilo.

Y pensad vosotros, esa noche, qué la disparó. Hambre, sueño, un cambio brusco, demasiado tiempo en el carro. Eso es lo que podéis ajustar mañana.

Prevenir: lo que sí está en vuestra mano

No vais a eliminar las rabietas de los 2 años; forman parte del paquete. Pero sí podéis bajar mucho su número y su intensidad.

  • Cubrid lo básico. Sueño y comida a sus horas. Los recados largos, por la mañana, no a las siete de la tarde. Un tentempié en el bolso salva muchas colas de supermercado.
  • Anticipad. «Dentro de un ratito nos vamos del parque. Dos toboganes más y a casa.» Los cambios avisados cuestan menos que los cambios por sorpresa.
  • Dadle elecciones pequeñas. «¿La camiseta roja o la azul?», «¿Te lavas los dientes antes o después del pijama?». Un niño que decide algo necesita pelear menos por decidirlo todo.
  • Mirad más lo que hace bien. Cuando pide con palabras, cuando espera, cuando comparte: decidlo. La atención positiva es lo que más moldea a esta edad.
  • Quitad tentaciones. Lo que no puede tocar, fuera de su vista. Es más fácil que decir «no» treinta veces.
  • Conoced sus límites. Si sabéis que tres horas de centro comercial son demasiadas, no las hagáis. No es rendirse; es ser realista.
  • Rutinas. Un día previsible da seguridad. Los niños que saben qué viene después se desbordan menos.

Y cuidad de vosotros. Los CDC y la AEPap coinciden en que la calma del adulto es la herramienta principal, y nadie está calmado con cuatro horas de sueño. Turnaos. Salid diez minutos. Pedid ayuda a los abuelos. Regular a un niño de dos años cansa.

Si se queda sin respiración: el espasmo del sollozo

A algunos niños, en pleno llanto de una rabieta, un golpe o un susto, les pasa algo que asusta muchísimo: sueltan el aire, se quedan sin respirar unos segundos, se ponen azulados o muy pálidos y pueden llegar a perder el conocimiento un instante. Es lo que los pediatras llaman espasmo del sollozo. La AEPap lo describe como un episodio benigno, propio de lactantes y niños pequeños, que se resuelve solo: el niño vuelve a respirar y se recupera por completo.

Qué hacer: mantened la calma, tumbadle de lado en un sitio seguro y esperad; no le sopléis, no le echéis agua, no le zarandeéis. Y contadlo al pediatra en la próxima visita, para que confirme que es eso y os explique cómo actuar. Si es la primera vez, si los episodios son muy frecuentes, si el niño tarda en recuperarse o si ocurre sin llanto previo, consultad sin esperar.

Cuándo consultar

La inmensa mayoría de las rabietas de los 2 y 3 años no necesitan a ningún profesional: necesitan tiempo, lenguaje y unos adultos tranquilos y coherentes. Dicho esto, hay situaciones en las que merece la pena que alguien las mire con vosotros. Las señales que recogen las fuentes pediátricas:

  • Las rabietas van a más con el tiempo en vez de a menos: más frecuentes, más intensas o más largas, sobre todo si pasados los 4 años siguen igual o peor.
  • El niño se hace daño a sí mismo o a otros con frecuencia durante las rabietas (se golpea la cabeza, muerde, pega fuerte).
  • Fuera de las rabietas está casi siempre irritable, discute por todo y casi nunca coopera.
  • Vosotros os notáis desbordados: reaccionáis con mucha ira, perdéis el control o acabáis cediendo siempre para evitar el conflicto. Esto no os convierte en malos padres; convierte la situación en algo que se puede trabajar.
  • Las rabietas están rompiendo la convivencia en casa o son un problema serio en la escuela infantil.
  • Además de las rabietas hay otras cosas que os preocupan: habla muy poco para su edad, no os mira ni señala, le cuestan mucho los cambios o los ruidos, juega poco con otros niños.

Ese último punto es importante, porque a veces una rabieta no es «solo» una rabieta: es la forma que tiene un niño de decir que no puede comunicarse, que el ruido le hace daño o que el cambio le desborda. Un niño de dos años y medio con muy pocas palabras se frustra más que otro que ya habla, y ahí lo que ayuda no es solo manejar la rabieta: es mirar el lenguaje. Tenéis más sobre esto en retraso del lenguaje: señales y tratamiento y en problemas de conducta en niños de 2 a 3 años.

Si os reconocéis en algo de esta lista, el primer paso es el pediatra. Y si queréis una valoración más detallada de la conducta, el lenguaje o la regulación, para eso está la psicología infantil y la atención temprana. Una valoración no busca ponerle una etiqueta a un niño de dos años; busca entender qué hay detrás de las rabietas y daros pautas que funcionen en vuestra casa, no en una casa ideal.

No hace falta que sepáis si «es normal» o no. Contadnos qué habéis notado: cuándo ocurren, cuánto duran, qué las dispara, cómo está el resto del día. Con eso se empieza.

Fuentes

  1. NHS · Temper tantrums — Empiezan hacia los 18 meses, mucho menos frecuentes a los 4; por qué (quieren expresarse y no pueden, cansancio, hambre); distraer, esperar sin perder los nervios, no cambiar de opinión, ignorar las miradas.
  2. Familia y Salud (AEPap) · El niño y sus espectáculos: las rabietas — Frecuentes entre los 2 y 4 años; conciencia de identidad y autonomía hacia los 2 años; lenguaje insuficiente para expresar la frustración; no razonar durante el episodio; retirar la atención; no ceder ni chantajear.
  3. Zero to Three · Toddlers and Challenging Behavior: Why They Do It and How to Respond — Los niños pequeños no pueden aún frenar sus impulsos; mantener la calma; decir y mostrar lo que sí pueden hacer; poner nombre a las emociones; no exigir perdón ni avergonzar.
  4. KidsHealth (Nemours) · Rabietas (revisado junio 2022) — Edades (1-3 años); prevención (atención positiva, elecciones pequeñas, quitar tentaciones, conocer sus límites); felicitar por calmarse; criterios de cuándo consultar (van a más, se hace daño o hace daño, irritabilidad constante, los padres pierden el control o ceden siempre).
  5. HealthyChildren.org (AAP) · Temper Tantrums — Más frecuentes entre 1 y 3 años; son parte normal del desarrollo; control sobre cosas pequeñas; distracción; no ignorar pegar, morder o tirar; turnarse entre adultos; tentempié y sueño.
  6. CDC · Essentials for Parenting Toddlers: Tips for Responding to Behavior — Atención positiva; retirar la atención; avisar con calma; coherencia; volver a lo positivo tras la consecuencia.
  7. AEPap · Cómo actuar ante un espasmo del sollozo (PDF) — Qué es el espasmo del sollozo, cómo se manifiesta (apnea tras el llanto, color azul o pálido, posible pérdida de conocimiento), carácter benigno, mantener la calma y consultar al pediatra.

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