Qué se pierde en verano y qué no
«Summer slide» es el nombre que se le da en inglés al retroceso escolar del verano: la idea de que los niños vuelven en septiembre sabiendo menos de lo que sabían en junio. Se ha repetido tanto que conviene mirar qué dicen los datos, porque la respuesta es más tranquilizadora de lo que parece y, a la vez, más útil.
Los estudios clásicos hablaban de pérdidas de «dos o tres meses de lectura» cada verano. Investigaciones más recientes con muchísimos más alumnos han bajado esas cifras y han encontrado algo que a las familias les interesa más: no se pierde igual en todo.
- Lectura: con los datos de evaluación de 2023 de la organización NWEA (unos 13,8 millones de alumnos de Estados Unidos), las puntuaciones medias de lectura de primavera y otoño «se mantuvieron casi iguales». Es decir, de media casi no hay retroceso lector.
- Matemáticas: ahí sí. En el mismo análisis, el descenso de verano equivale a «entre el 10 % y el 30 % de lo que los alumnos aprenden en un curso escolar típico».
La explicación que dan los propios investigadores es de sentido común: los niños leen algo en verano casi sin querer (un cómic, un cartel, un mensaje), pero nadie practica divisiones en la piscina. Y las matemáticas son en buena parte procedimiento: pasos que, si no se repiten, se olvidan antes.
Dos matices honestos. Primero, son datos de Estados Unidos, donde el verano escolar es parecido al nuestro pero el sistema no; en España no hay una medida equivalente. Segundo, hay muchísima variación entre niños: unos pierden, otros se quedan igual y otros mejoran. Que vuestro hijo esté en un grupo u otro depende en buena parte de cómo pase el verano, y ahí es donde entráis vosotros.
La conclusión práctica: el verano no es para hacer fichas todos los días. Es para descansar de verdad, mantener el hilo de las mates con poco esfuerzo, leer por gusto y llegar a septiembre con las rutinas más o menos en su sitio. Vamos por partes.
Julio libre, agosto suave: cuánto y cuándo
Las vacaciones escolares duran unas diez semanas. Es mucho tiempo, y precisamente por eso no hace falta ocuparlo desde el primer día.
Nuestra propuesta, la que llevamos años dando a las familias de nuestros centros:
- Las primeras dos o tres semanas, nada. Ni cuadernillo ni repaso. El niño acaba de terminar nueve meses de colegio; necesita desconectar tanto como vosotros. Si va a un campamento urbano o a la piscina, ya está haciendo lo que toca.
- Desde mediados o finales de julio, poco y corto: veinte o treinta minutos, cuatro o cinco días a la semana, siempre a la misma hora (después del desayuno suele funcionar mejor que después de comer). No más. Un niño de primero de primaria no puede sentarse dos horas seguidas a leer y sumar, y tampoco tiene por qué.
- La última semana de agosto, subir un poco: recuperar horarios y hacer algo de repaso de lo que más le costó en junio, para que el primer día de clase no le pille frío.
Cuánto exactamente depende de cada niño: de su edad, de si necesita un repaso general o reforzar algo concreto, y de cómo lleve el verano. Si en junio el tutor os señaló algo, eso es lo que hay que mantener. Si no, con leer y jugar a las mates ya vais bien.
Y un principio que evita muchos disgustos: pactad el horario con él. Si sabe que de 10 a 10:30 toca el rato de trabajo y después piscina, es mucho más fácil que se siente cuando llegue la hora que si se lo anunciáis por sorpresa.
Sueño, comida y rutinas
Antes de hablar de libros y de mates, lo que más condiciona cómo aprende y cómo se porta un niño es cuánto y cómo duerme. En verano los horarios se estiran, y no pasa nada mientras el total de horas se mantenga.
| Edad | Horas de sueño recomendadas (cada 24 h) |
|---|---|
| 1 a 2 años | 11 a 14 horas, siestas incluidas |
| 3 a 5 años | 10 a 13 horas, siesta incluida |
| 6 a 12 años | 9 a 12 horas |
| 13 a 18 años | 8 a 10 horas |
Son las cifras de la Academia Americana de Medicina del Sueño; las de la OMS para los menores de 5 años son prácticamente las mismas. Cuando un niño duerme poco, lo primero que se resiente no es la lectura: es el humor, la tolerancia a la frustración y la capacidad de gestionar lo que siente. Si el rato de repaso acaba en llanto, mirad antes cuántas horas ha dormido que cuántas fichas ha hecho.
Lo mismo con las comidas: un desayuno de verdad antes del rato de trabajo, y agua a mano si hace calor. Y la pantalla, fuera de ese rato y fuera de la hora previa a dormir. Sobre esto tenéis más en pantallas y niños: cuánto es demasiado.
La rutina no tiene que ser la del curso. Pero que haya una: levantarse más o menos a la misma hora, saber qué toca por la mañana y qué por la tarde, cenar y dormir a horas parecidas. Los niños funcionan mejor cuando pueden anticipar lo que viene, y eso vale también en agosto.
Leer en verano: cómo y qué (lista por edades)
La lectura es la herramienta más rentable del verano: cuesta poco, se hace en cualquier sitio y es lo que menos se pierde precisamente porque se practica sin darse cuenta. La clave es una: que sea un placer, no un deber.
Cómo
- Leed en voz alta, aunque ya sepa leer. PrevInfad, el grupo de prevención de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, recomienda la lectura en voz alta desde los primeros años de vida por lo que aporta al lenguaje y al vínculo: «establecen momentos de intimidad entre quienes leen y escuchan, crean y refuerzan vínculos afectivos». A un niño de 8 años le sigue encantando que le lean.
- Que elija él. Cómics, revistas, libros de récords, instrucciones de un juego. Todo cuenta. Lo que no leería en el colegio es justo lo que engancha en verano.
- Un rato fijo: antes de dormir es el clásico, y además ayuda a apagar la pantalla.
- Biblioteca: muchas tienen retos lectores de verano y horario de mañana. Ir a por libros es un plan en sí mismo.
- Si le cuesta leer: audiolibros y libros con mucha ilustración no son «trampa». Mantienen el gusto por las historias mientras la lectura se trabaja aparte.
Qué, por edades
| Edad | Qué suele funcionar |
|---|---|
| 3 a 6 años | Álbumes ilustrados para leerles vosotros, cuentos con repetición y rima, libros de buscar y encontrar. Los mismos tres cuentos veinte veces también valen. |
| 6 a 8 años | Primeras lecturas con letra grande y capítulos cortos, cómics, libros de chistes y adivinanzas. Alternad: una página vosotros, una página él. |
| 8 a 12 años | Series de aventuras o misterio (que quiera saber qué pasa después), cómic y novela gráfica, libros informativos de lo que le apasione: dinosaurios, fútbol, espacio. |
| 12 y más | Que elija sin juicio: fantasía, manga, biografías de deportistas. Y que os vea leer a vosotros. |
Para hablar en familia de la diferencia y la diversidad, estos álbumes nos gustan especialmente: Orejas de mariposa (Kalandraka), El cazo de Lorenzo (Isabelle Carrier), Por cuatro esquinitas de nada (Jérôme Ruillier), Max el artista (Maeva Young), María, la alegría en la diferencia, Miércoles (Anne Bertier) y Pajarraco (Océano Travesía).
Mates y escritura jugando
Si algo hay que mantener a propósito en verano son las matemáticas, y la buena noticia es que no hace falta un cuaderno para hacerlo.
Mates de casa
- Cocinar: pesar, medir, doblar una receta para el doble de gente. Fracciones y proporciones sin nombrarlas.
- La compra: «tenemos 10 euros, ¿qué nos llega?», calcular el cambio, comparar precios por kilo.
- Juegos de mesa: dados, cartas, dominó, parchís. Contar, sumar de un vistazo, planificar.
- El coche: cuánto queda si vamos a esta velocidad, sumar matrículas, buscar el número más alto.
- Construcciones y puzles: geometría y razonamiento espacial de la mejor clase.
Y si el tutor os dijo en junio que las tablas o las restas con llevadas no estaban asentadas, ahí sí conviene un rato corto de práctica explícita en agosto. Diez minutos al día de tablas cantadas o con cartas hacen más que una hora el 1 de septiembre.
Escribir con motivo
- Un diario de vacaciones de dos líneas al día, con dibujo o foto pegada.
- Postales a los abuelos o a un amigo del cole. Tienen destinatario real y eso lo cambia todo.
- La lista de la compra o el menú de la semana escrito por él.
- Para los pequeños, manualidades: recortar, modelar, ensartar. Es motricidad fina, que es la base de la letra.
La escritura y la lectura se apoyan la una en la otra: un niño que escribe una postal está leyendo lo que escribe. Para saber más sobre cómo se aprende a estudiar en primaria, tenéis técnicas de estudio para niños de primaria.
Si hay dificultades de aprendizaje: mantener el hilo
Todo lo anterior vale para cualquier niño. Cuando hay una dificultad de aprendizaje (dislexia, discalculia, TDAH, un retraso del lenguaje) o un trastorno del neurodesarrollo, el verano pide algo más de cuidado, por dos motivos.
El primero es que lo que cuesta se olvida antes. Las habilidades que se adquieren con mucho esfuerzo y aún no están automatizadas (descifrar una palabra larga, una secuencia de pasos) son las que más se resienten sin práctica. El segundo es que muchos de estos niños dependen más de la estructura: cuando la rutina desaparece del todo, la desregulación aparece antes que en otros.
Esto no significa llenar el verano de terapia y deberes. Significa:
- Preguntar al terapeuta en junio qué es lo mínimo que hay que mantener y cómo hacerlo en casa, y qué se puede aparcar tranquilamente. Es una conversación de diez minutos que ordena todo el verano.
- Trabajar lo mismo, en otro sitio: la lectura en la hamaca, las tablas en el coche, la conciencia fonológica jugando a las palabras encadenadas en la playa.
- Decidir qué se hace con las sesiones: seguir, cambiar de ritmo o parar un tiempo corto. De esto va en detalle nuestro artículo sobre terapias en verano: parar, seguir o cambiar el ritmo.
- Cuidar el ánimo: para un niño al que el cole le cuesta, el verano es también el momento de recuperar la sensación de que se le dan bien cosas. Que haya tiempo para eso.
Si en septiembre veis que el arranque es mucho más duro de lo que esperabais, no es un fracaso vuestro ni suyo: es información. Contadlo en el centro y se ajusta el plan.
Un plan semanal de ejemplo
Para un niño de 7 u 8 años, en agosto. Adaptadlo a la edad y a vuestros horarios; lo importante es la forma, no el detalle.
| Momento | Lunes a viernes | Fin de semana |
|---|---|---|
| Después del desayuno (20-30 min) | Rato de trabajo: lunes y miércoles, mates jugando o diez minutos de tablas; martes y jueves, dos líneas de diario o una postal; viernes, libre o lo que más le guste. | Nada |
| Mañana | Piscina, parque, campamento, casa de los abuelos. Movimiento y otros niños. | Excursión, biblioteca, mercado (y la compra la cuenta él). |
| Después de comer | Rato tranquilo: juegos de mesa, construcciones, dibujar. Sin pantalla si se puede. | Igual |
| Tarde | Juego libre. Aburrirse un poco también forma parte. | Familia |
| Antes de dormir (15-20 min) | Lectura: vosotros en voz alta, él solo, o a medias. | Igual |
Fijaos en las proporciones: media hora de trabajo frente a un día entero de verano. Eso es lo que hace falta para llegar a septiembre sin cuesta. Lo demás, que sea verano.
Fuentes
- K-12 Dive · Math summer slide is 'significant', but reading loss much smaller (NWEA 2025 norms, 14-05-2026) — Lectura: puntuaciones de primavera y otoño casi iguales. Matemáticas: pérdida equivalente al 10-30 % de lo aprendido en un curso. Explicación (procedimientos que se olvidan antes; se lee más que se practican mates fuera del colegio). Tamaño de la muestra.
- Education Next · Is Summer Learning Loss Real? (Paul T. von Hippel) — Los estudios clásicos hablaban de 2-3 meses de pérdida; los datos modernos muestran pérdidas menores e inconsistentes según la prueba; enorme variación entre alumnos.
- HealthyChildren.org (AAP) · Healthy Sleep Habits: How Many Hours Does Your Child Need? — Tabla de horas de sueño por edad (AASM).
- OMS · To grow up healthy, children need to sit less and play more (2019) — Horas de sueño en menores de 5 años coincidentes con la AASM.
- PrevInfad (AEPap) · Promoción de la lectura en voz alta durante los primeros años de vida (17-03-2024) — Recomendación de leer en voz alta desde edades muy tempranas; beneficios en desarrollo cognitivo y vínculo (cita literal).
- Familia y Salud (AEPap) · Lectura en voz alta, vínculo familiar — La lectura compartida como vínculo afectivo y actividad placentera; importa más el disfrute que la duración.


